«Memoria política»

Un capítulo de historia. Así podrían definirse estas páginas en las que Raúl Alfonsín dirige su mirada y evoca, con la perspectiva que le permite el paso del tiempo, una serie de sucesos que marcaron las pericias de su gobierno pero que también le dieron significado a todos los años –entre fallidos y esperanzados- durante los cuales la democracia sigue intentando consolidarse entre nosotros.

Bienvenida sea la presencia de la primera persona en los relatos de la historia política. Y de ningún modo porque el hecho de partir de la subjetividad del protagonista nos garantice la posesión de la verdad sobre los sucesos que narra, sino porque ese sesgo personal de los recuerdos permite a quien busque reconstruir un momento histórico conocer también la forma en que un actor principal vivió los hechos, saber que fuerzas o que razones (o ambas) estuvieron detrás de sus decisiones. Conocer, en fin, las tramas más finas de un proceso, incorporando el habla de quien, de otra forma, solo es hablado por la Historia.

Desfilan por el texto el análisis de definiciones y episodios tan trascendentales como la política de derechos humanos bajo su gobierno, el juicio a las Juntas Militares, las asonadas de Rico y Seineldín, las leyes de punto final y obediencia debida, el ataque que efectuaron los regazos de la guerrilla al cuartel de La Tablada, la hiperinflación y el trámite de su renuncia anticipada, para concluir su memoria, ya fuera de la presidencia, con los vericuetos del Pacto que llevo a la reforma de la Constitución en 1994.

De todos esos temas, el más impactante, el que mayor énfasis subraya lo que la gestión de Alfonsín tuvo de ruptura con un largo pasado de impunidades y amnistías frente a las violaciones del Estado de derecho que jalonaron por lo menos cincuenta años de vida argentina fue el de la manera en que se diseñó y puso en marcha una política de derechos humanos que fuera ejemplificadora hacia el pasado, pero que a la vez pudiera hacerse cargo de sus consecuencias hacia el futuro”