I. Las fronteras de un siglo corto.
Fue el historiador Eric Hobsbawm quien caracterizó al siglo pasado como un “siglo corto”, pues escapando a los estrictos marcos trazados por el calendario, entendió los acontecimientos que conmovieron sus primeras y últimas décadas, justificaron considerarlo como un tiempo cercado por su particular desarrollo.
Mientras su origen, en razón de las trágicas secuelas de la primera guerra mundial, anticipaba y proyectaba las políticas de odio y extermino de la raza humana impulsadas por los totalitarismos que cubrieron Europa, su finalización significaba, en cambio, una incontenible ola democratizadora que erosionaba sus últimos vestigios, propagándose por gran cantidad de estados asomados a las instituciones de la libertad política.
Sus efectos se propagaron también en nuestro país, permitiéndole dejar definitivamente atrás la dictadura más sangrienta de su historia, signada por el terrorismo de estado, la derrota en la guerra de Malvinas, el desmantelamiento de los partidos políticos, la crisis estructural de su economía y la profunda disgregación social.
Este complejo contexto enfrentó la sociedad argentina en su nuevo abrazo a la democracia inaugurada en diciembre de 1983, agobiada de tanta violencia y desencuentro; y depositando su confianza en la Unión Cívica Radical para emprender la marcha en la búsqueda del mandato liminar de un futuro de grandeza consagrado por el preámbulo de la Constitución Nacional.
Fueron Raúl Alfonsín y Eduardo Angeloz, los encargados de conducir el cambio hacía una sociedad abierta, sentando las bases en la nación y la provincia, respectivamente, de una democracia republicana, social y popular, que permitiera dejar atrás las frustraciones y dolores colectivos de un país, hasta entonces, anclado en el fango de la desesperanza. Solo el radicalismo ofrecía garantías de una transición ordenada y en paz.
II. Una nueva institucionalidad para Córdoba.
Las transiciones políticas exigen como regla, la adecuación institucional para afianzar y consolidar el cambio político operado, orientado a establecer reglas de juego perdurables, que permitan orientar a la ciudadanía frente al desafío de la democracia, comprendida como un estilo de vida y no sólo como el ritual que periódicamente permite elegir gobiernos.
Así como el gobierno nacional creó la CONADEP, impulsó el histórico juicio a las cúpulas militares y guerrilleras, decidió la convocatoria al Consejo para la Consolidación de la Democracia, puso en marcha la reforma educativa, entre otros tantos logros, Eduardo Angeloz apenas asumido su primer mandato sentó las bases institucionales de la Córdoba moderna, convocando a la reforma de la constitución local en 1987.
En efecto, producto de un amplio acuerdo de las fuerzas políticas y sociales cordobesas, se plasmaron en el espíritu y la letra de la innovadora constitución de los cordobeses, el respeto irreductible a la dignidad humana, el pluralismo y la solidaridad como principios rectores de la convivencia social, el republicanismo como eje fundamental de la división, el equilibrio y el control de los poderes públicos, el federalismo incentivo y convergencia de los intereses de las distintas regiones, el régimen autonómico municipal, y la incorporación de instrumentos internacionales de derechos humanos, por señalar algunos de sus hitos más trascendentes.
El modelo constitucional cordobés se convirtió en un referente ineludible para los procesos constituyentes provinciales que se multiplicaron a lo largo y ancho del país e, inclusive, para la gran reforma de la Constitución Nacional de 1994, que terminó por consolidar el proceso de cambio político reivindicando la situación del hombre y sus derechos, para insertarse en un nuevo escenario internacional que imponía tales condiciones frente al siglo que se avecinaba. Se trató de colocar al hombre como protagonista esencial en la lucha de la felicidad de la que hablaban los colonos norteamericanos, aunque con impronta cordobesa y no solamente suprimir el senado provincial, para domesticar la legislatura a los antojos del gobierno.
III. El gobierno progresista, solidario y popular de Angeloz.
Sigue siendo un lugar común, evaluar la gestión de un gobierno según la cantidad de obras de infraestructura inauguradas, la importancia de las leyes propuestas y sancionadas, los acuerdos interjurisdiccionales de cooperación celebrados, la disminución de los índices de pobreza, la sustentabilidad de las políticas públicas en materia educativa y social, entre otros indicadores de relevancia.
Independientemente el primer gobierno de Angeloz alcanzara un éxito inigualable en cada uno de estos asuntos desde la recuperación democrática, además, y a diferencia de otros gobernantes, el mismo se sustentó en un proyecto político hondamente progresista, solidario y popular, que le sirvió de guía al momento de decidir su rumbo, y que fue elaborando con el devenir del tiempo y su incansable trajín por los caminos de Córdoba y el país. Angeloz fue gobernador, aún antes de asumir.
Sucede muchas veces los debates desde la ciencia política, imbuidos en la objetividad necesaria para formular criterios con posibilidades de trascender las fronteras y el tiempo, omiten analizar los síntomas concretos que traslucen los ideales de un gobierno comprometido con una realidad que pretende transformar en beneficio de la sociedad toda.
Es en este terreno, donde sobresale la matriz progresista, solidaria y popular del primer mandato de Angeloz –como también en los posteriores-, observándose en cada una de sus decisiones la constante opción por la situación de los más desventajados.
Y uno puede traer como ejemplo al PAICOR, emblema de la lucha por los derechos de la niñez y la familia, no solo del radicalismo, sino de todos los cordobeses. Fue en su versión original, un programa progresista, porque promovía a través de la igualdad de oportunidades –la primera de ellas, la de comer todos los días- la dinámica social; solidario, al justificar una distribución de la riqueza con parámetros de equidad; y también popular, porque su creador lo imaginó y lo impulsó, por el conocimiento directo de su pueblo y sus necesidades. Fue un gobierno cercano a las vivencias que aquejaban a los cordobeses de la transición, y de los que vendrían en próximas generaciones, que si hoy pueden acceder a internet en las escuelas, es porque muchos de sus padres tuvieron la oportunidad de educarse sin hambre en las que sembró Angeloz por toda la provincia.
IV. Legado para una democracia madura.
El primer gobierno de Angeloz, con aciertos y errores –estos últimos, por el mismo reconocidos, en inédita actitud en la dirigencia política argentina-, constituyen un legado imprescindible para descifrar con éxito el presente y futuro de la política cordobesa. Por eso será su pensamiento y accionar, una guía para tiempos turbulentos.
Ello no quita que las nuevas generaciones, tengamos el deber de continuar, desarrollar y adecuar su ideario, a los tiempos que corren, claro está, guiados por aquellos valores por los cuales dio su vida a cada instante. Resulta que la política progresista, solidaria y popular, lo definía como a cualquier radical.
En este punto, el radicalismo argentino tiene una tarea trascendental que llevar a cabo, reivindicando a la política como herramienta transformadora de la sociedad, a la cual debe brindar las respuestas que requiere, en base a una nueva agenda de problemas, asociados a la tutela del medio ambiente, la lucha contra el narcotráfico, y por el reconocimiento de los derechos de los grupos minoritarios, la seguridad de la población, el desarrollo urbano sustentable, entre otros.
A treinta y cinco años de la restauración democrática, en tiempos en los que el antagonismo estéril y personalista dominan el escenario actual de la política argentina, la lucha de Angeloz y de la generación que lo acompaño en la aventura de vivir en libertad, caen por su propia fuerza para orientarnos, haciendo del diálogo político sin exclusiones, una incansable costumbre; del conocimiento sin intermediarios de la realidad, un requisito para cambiarla; y del coraje cívico para lanzarse a la búsqueda de un destino mejor, un sueño innegociable. –
(*) Profesor de Derecho Constitucional; Derecho Público Provincial y Municipal; Derecho Administrativo y Derecho de la Integración Regional en la UNC y la UES 21. Actualmente es Convencional Nacional por Córdoba.








