Raúl Alfonsín, padre de la Democracia

El 30 de octubre de 1983 fue un día clave en la historia de nuestro país. Dábamos un paso firme hacia la salida de una trágica dictadura militar, mediante elecciones libres y sin proscripciones; volvían las urnas a las escuelas y la ciudanía a manifestar su voluntad democrática mediante el voto.

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Raúl Alfonsín, candidato a presidente de la Unión Cívica Radical, recorrió el país con un discurso basado en la importancia de la democracia como forma de gobierno, el rechazo a la violencia como forma de ejercer el poder, el castigo a quiénes habían violado derechos humanos en nombre del Estado o del terrorismo y un Estado presente que corrigiera desigualdades.

            Ese día de la elección fue una mezcla de sensaciones, con mi familia seguimos todo lo que sucedía en la casa de mis padres en Mendoza, sabíamos que estábamos frente a una oportunidad histórica. Recuerdo aquél momento con gran emoción, tenía 28 años y era la primera vez que participaba en una elección; como tantos otros argentinos estuve 10 años sin poder ejercer mi derecho al voto. Hoy esto es una victoria de la ciudadanía, que puede ejercer su voto incluso desde los 16 años.

Una vez en el gobierno, Alfonsín se dedicó a reconstruir y fortalecer la democracia. Fue una tarea que llevó a cabo con firmeza cívica, con paciencia y con la fortaleza propia de un hombre que entrega todo por su Patria. Durante su gestión no escasearon los problemas de todo tipo, sin embargo, ninguno de esos conflictos empañó su labor fundamental: enseñarnos a los argentinos a reconocer, valorar y defender la democracia, a través del respeto irrestricto a las instituciones.

A la luz de los años, como siempre sucede con la historia, su persona y sus acciones son justamente valoradas. Hoy es una figura central en la Democracia que trasciende coyunturas, banderas y partidos políticos y que debe servir como ejemplo para las nuevas generaciones. La obra realizada por Raúl Alfonsín trasciende su origen partidario y su figura es abrazada, respetada y reconocida por la sociedad y todos los partidos políticos de nuestro país.

La Democracia no es perfecta, pero sí perfectible y es el mejor sistema para organizar nuestra vida en sociedad. Vivir en democracia implica asumir sus valores, es entender que la libertad es respeto al otro, es privilegiar lo colectivo sin avasallar lo individual, es dignificar cada uno de los actos con un contenido moral y ético, es defender la igualdad de oportunidades, el acceso a una educación de excelencia, a una  salud de calidad, a la vivienda digna.

            Hoy, a 37 años de esas elecciones, valoremos nuestra sociedad plural, solidaria y democrática dónde los golpes de Estado son parte del pasado. Esto es un logro de todos y también es de todos la responsabilidad por defender y mejorar la democracia y sus valores que deben ser transmitidos de genenración en generación.

(*) Senador Nacional