
No podría comenzar a hablar del 30 de octubre de 1983, sin referirme a la propia historia de quienes éramos los adolescentes de esa época. Mis amigos y yo, casi todos menores de edad esperábamos impacientes el desenlace de la elección presidencial, aunque aún no podíamos votar. Eran años de cambio en lo personal y en lo social. En poco tiempo debíamos abandonar nuestra escuela secundaria para aventurarnos en un futuro universitario, generalmente a cientos de kilómetros de nuestra Patagonia. Vivíamos en una ciudad altamente politizada. En Trelew, se habían sucedido hechos de relevancia nacional, como lo fue en el 72, la fuga y posterior ejecución de los presos políticos detenidos en el penal de Rawson. Ese evento había dado al radicalismo nacional dos figuras de renombre como defensores de los derechos humanos de los detenidos: Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen.
Los Sureños además, habíamos vivido intensamente algunas cuestiones durante el último proceso militar: la guerra de Malvinas y los conflictos limítrofes con Chile. Todo eso, hacia que nuestra adolescencia tuviera características diferentes: hasta habíamos visto partir a la guerra a jóvenes casi de nuestra edad. Pero este octubre era diferente. El clima se tornaba cálido a medida que transcurría el mes y los ánimos de la gente se llenaban de esperanza y de optimismo. No importaba mucho la idea a la que se adhería. La cuestión era opinar y sentirse parte.
Algunos de mis amigos más cercanos y compañeros de escuela, habían tomado partido por uno u otro candidato, pero en su mayoría la juventud simpatizaba con ese hombre carismático de bigotes grandes y de figura paternal que recitaba el preámbulo de la Constitución al final de cada discurso. Yo misma y recién cumplidos los 17 ya me había afiliado la UCR como adherente adelantándome ala mayoría de edad. Ese domingo de finales de octubre, dos importantes triunfos radicales fueron noticia en Chubut: se había convertido en intendente de Trelew el ingeniero Radical Alfredo García, el mismo que nos había visto crecer y hasta nos había hecho el aguante buscándonos en algún cumple durante nuestra infancia o en alguna fiesta de 15 ya de adolescentes.
Otro triunfo era el del Dr. Atilio Viglione, convirtiéndose en el nuevo gobernador radical de la provincia del Chubut. La noche del 30 nos acostamos sin el total de la información. Las cargas de los resultados se hacían esperar y a la mañana siguiente nos despertó la noticia: Alfonsín era el flamante presidente de los argentinos. El pueblo había elegido.
Había votado por la opción más democrática y republicana. Por el respeto de las libertades individuales. Por el nunca más al atropello de la Constitución. Había elegido el camino de los derechos humanos y la libertad.
A esas elecciones siguieron algunos años intensos en nuestra vida juvenil: el cambio en muchas prácticas. La elección de delegados en las escuelas en camino de conformar los centros de estudiantes y luego, la nueva vida universitaria de cada uno de nosotros.
En mi caso, elegí la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén donde milite en la Franja Morada hasta que me recibí. Fueron años maravillosos. Llenos de planes y de sentirnos plenos y orgullosos de nuestro gobierno. De sentir que se ampliaban derechos y se discutía de política. De aprender, de dialogar, de discutir…
Pero no quisiera terminar este breve recuerdo sin mencionar lo que Raúl Alfonsín significó en mi vida como en la de muchos jóvenes de esos años. Él nos llevó a amar la política, a participar plenamente en las universidades y en la calle. Nos enseñó a escuchar y entender al otro con sus ideas y a buscar el consenso. Nos enseñó que es necesario enfrentarse a quienes pretenden mantenerse en la impunidad. Nos enseñó a enfrentar y poner el cuerpo y la cara aun cuando los otros no quieren escuchar. Nos enseñó a resignar el bienestar personal en pos del bienestar general. Nos enseñó que la democracia hay que defenderla con el alma, aún en el peor de los gobiernos. Nos enseñó que la ejemplaridad es el mejor camino para quienes creemos en la política. Raúl Alfonsín nos enseñó que la lucha por una sociedad más justa hay que darla hasta el último minuto de nuestras vidas.
(*) Presidenta del comité provincia de la Unión Cívica Radical de Chubut. Además es la primer mujer en presidir el radicalismo de esa provincia.







