
Por estos días se cumplen 37 años de aquel 30 de octubre de 1983, un día histórico por varias razones. En primer lugar, y lo más importante, un día histórico para nuestro país porque significó dejar atrás la dictadura y recuperar la democracia, lo cual no es solo un paso de un sistema político a otro, sino muchísimo más, ya que como decía Raúl Alfonsín “quien no conoce la diferencia entre una democracia y una dictadura, no conoce la diferencia entre la vida y la muerte”.
En segundo lugar, fue una jornada que marcó un antes y un después en la vida política argentina y particularmente en la del radicalismo. Fue la primera elección nacional en la que el partido fundado casi cuatro décadas antes por Juan Domingo Perón fue derrotado en las urnas, y paralelamente fue la primera vez tras la caída de Yrigoyen que la UCR pudo recuperar el lugar de partido mayoritario.
Nuestro país venía de atravesar la convulsionada y sangrienta década del 70´, en donde el terrorismo de Estado (antes y después del 24 de marzo de 1976) y la guerrilla se habían enfrentado sin dejar espacio para alternativas no violentas. Ya por aquellos años se decía que el radicalismo era un partido antiguo, pasado de moda, e incluso como hace un tiempo escuché decir a Mario Negri “para los de nuestra época los radicales éramos los boludos porque no avalábamos la violencia”.
Sin embargo unos años antes, un grupo de jóvenes, muchos de ellos hijos de dirigentes radicales, se habían reunido y organizado en lo que sería la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical, con el propósito de demostrar que la Unión Cívica Radical, lejos de ser un recuerdo de la historia argentina, tenía todavía mucho que brindarle a la República, y estaban decididos a pelearle el apoyo popular mano a mano al peronismo.
Aquellos jóvenes encontraron en Raúl Alfonsín al líder indiscutible que encabezaría y haría realidad ese sueño y dejando atrás la idea del radicalismo como un partido viejo, serían protagonistas del mejor momento histórico de la UCR después del yrigoyenismo.
Aquella etiqueta del radicalismo como un partido viejo y pasado de moda resurge cada cierto tiempo. La Juventud Radical es, quizás, la única organización política juvenil dotada de organicidad y territorialidad en todo el país, y eso nos permite creer que nuestro partido tiene futuro, pero a eso debemos agregar algo que resultó esencial para alcanzar aquel proceso exitoso de la década del 80´: la oferta a la sociedad de una propuesta clara, en base a lo que esa sociedad espera de nosotros.
Ese es el desafío que a 37 años de aquel triunfo los radicales tenemos por delante, fortalecer nuestra organización en todo el país, con una mirada federal y no únicamente en base a los intereses de entre la Avenida General Paz y el Río de la Plata, y hacerlo diciéndole a la ciudadanía claramente qué tenemos para ofrecerle en cada uno de los temas que preocupa a los argentinos. Debemos hacerlo claramente y sin miedos ni complejos, porque cuando en aquella campaña Alfonsín hablaba de enjuiciar a las juntas militares lo hacía intentando persuadir a quienes estaban a favor del juicio y castigo, sin buscar quedar bien con unos y otros.
La Unión Cívica Radical recuerda este próximo 30 de octubre, unos de sus días más gloriosos, con la convicción que en los tiempos venideros vendrán otros iguales, y que este viejo partido no es un partido viejo.
(*) Presidente del Comité Provincia de la Juventud Radical de Jujuy







