35 Años de ejercicio ininterrumpido de la democracia

El 10 de diciembre de 1983 asumía un nuevo gobierno, y los argentinos recuperábamos las instituciones democráticas con la firme convicción de sostenerlas, cuidarlas, defenderlas y gozar de sus beneficios para la posteridad, ello, mediante un acuerdo expreso en muchos casos, y tácito en otros, dejando atrás la etapa más oscura y dolorosa de nuestra historia como nación, con el enorme desafío para muchos, quizás para la mayoría, de vivir bajo las reglas de los desconocido, y vaya paradoja, vivir bajo reglas, claras y preestablecidas, surgidas de pactos y convenciones.

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Es un momento bisagra de nuestro devenir histórico reciente, significó no solo poder elegir a quienes nos gobernarían, implicaba un hecho contracultural en América del Sur, el país seguía rodeado por vecinos gobernados por autocracias, generando un motivo de aislamiento más poderoso aún que nuestra ubicación geográfica en el globo, el proceso que había comenzado en Argentina, era anhelado por vastos sectores políticos del resto de naciones americanas, y resultaría señero hacia el resto del subcontinente, al sentar las bases para el contagio democrático en toda la región, lo cual un día deberá ser resignificado.

Sumando a la descripción precedente, en el plano internacional había condiciones poco favorables a los intereses de la novel democracia argentina, fruto de una combinación que incluía el desastre de Malvinas, último recurso de la dictadura para sostenerse, hecho que tuvo un amplio apoyo social, incluso desde sectores perseguidos por el gobierno dictatorial,   y sus consecuencias inmediatas en el plano económico y diplomático, además de estos datos insoslayables, el mundo presenciaba los últimos estertores de la Guerra Fría, si bien se vislumbraba o presumía el colapso de la Unión Soviética por un lado, en Occidente, la coalición conservadora llegaba a su máxima expresión con Estados Unidos e Inglaterra, en medio de todo ello, allí mezclado Karol Wojtyla había sido consagrado Papa, era un mundo realmente hostil, contrario a nuestros intereses como sociedad.

En el plano local, en materia económica, el gobierno democrático encabezado por el presidente Alfonsín, asumía a ciegas, por la carencia de datos fidedignos y el cepo y exclusión con la que se había manejado la dictadura, la enorme deuda contraída con los organismos multilaterales de crédito, sin su correlato infraestructural, y la complicidad de los sectores civiles que se vieron directamente beneficiados por ello, aplastando al aparato productivo de la nación, combinado al intento de las Fuerzas Armadas, de asfaltar el camino a la impunidad, intentando evitar el castigo a sus fechorías y aberraciones cometidas contra el pueblo. En definitiva, todo lo descripto, da ribetes épicos y memorables a los acontecimientos, y a su devenir inmediato.

A pesar del contexto negativo, y el insuficiente apoyo internacional, salvo excepciones, el descripto aislamiento por razones geográficas y fundamentalmente políticas, y por el lugar periférico que se nos asignó previamente, excluyéndonos a la categoría de proveedor de materias primas, lo cual explica parte de lo relatado, la alegría y la esperanza fueron el común denominador, con los jóvenes ocupando el espacio público, como nunca antes, con el florecimiento de las expresiones artísticas, en un proceso que debe ser evaluado de manera multidimensional, al fin, el pueblo vestía sus mejores prendas para festejar la fiesta de la democracia.

La decisión de asumir un 10 de diciembre, día en que se conmemora la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es un hecho simbólico en si mismo, un anticipo inequívoco de por donde pasarían las prioridades, cuales serían los bienes mayormente tutelados, el cambio de época, se remplazaron: el comunicado por la conferencia de prensa, la imposición por el debate, el enemigo por el adversario, el fusilamiento por el debido proceso, la discrecionalidad por los proyectos y su consiguiente sometimiento al escrutinio popular, los decretos ley por el pleno ejercicio de la constitución, esa magnifica creación menospreciada hasta el momento.

A 35 años vista de la recuperación democrática, en ese inolvidable 10 de diciembre de 1983, donde los argentinos renacíamos de nuestras cenizas, dando lugar a la ciudadanía, para que ésta pusiera en plena vigencia la vida institucional de La Nación, haciéndose responsable de sus actos, sin opresiones ni imposiciones por parte de quienes nos sumieron en la ruina, pero es necesario que pongamos en práctica, que hagamos operativa esa máxima que nos enseñara Raúl Alfonsín, de que con la democracia se COME, SE CURA y SE EDUCA.

Es necesario que miremos el camino recorrido, sin menosprecio los logros ya obtenidos en materia de derechos sociales, campo en el que indudablemente hemos avanzado, basta ver adolescentes vivir sus elecciones de vida sin tapujos, desprendidos de prejuicios ajenos, pero a la democracia, a nuestra democracia es necesario que la hidratemos a diario, para que sea inclusiva y plena, para que nadie más nunca crea que el Estado o sus representantes asuman licencias para matar.

La democracia argentina requiere de nuestro cuidado y atención, de nuestra atenta vigilancia, asumiendo que las democracias modernas funden sus raíces en los principios universales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, y si bien es en ese orden, necesitan además de armonía entre sí, del absoluto compromiso de ponerlos operativos, de no dejarnos distraer por el canto de sirenas, y de aquellos que nos ofrecen atajos autoritarios para resolver temas vinculados a la seguridad, lo cual no significa ignorarla, todo lo contrario, asumir que el tema debe ser abordado con planes inclusivos, con el foco puesto en la equidad, tomando la movilidad social ascendente como objetivo común.

Los desafíos de nuestra democracia son fundamentalmente de inclusión, de asumir con seriedad que debe ser para todos, de accesibilidad, de contención, de que sea capaz de permitirnos ejercitar los derechos humanos en perspectiva, poniendo de relieve que este espiral nos lleva indefectiblemente al conflicto social, porque al que ya nada le queda por perder pone en riesgo su propio cuerpo, su propia vida.

Seamos valientes, pongamos Orden al Caos, y hagámoslo desde nuestro más absoluto compromiso democrático, mirando el futuro con ojos de juventud, sabiendo que es posible, ya que la etapa más triste y difícil ya pasó, que lo que viene, para que sea mejor, necesitará de nosotros, de nuestro ingenio, de nuestra sensibilidad por el sufrimiento ajeno, de la empatía, de convencernos que un mundo mejor es posible, solo depende de convencernos de tal y sabernos como artífices de tal.

Imaginemos si Raúl Alfonsín hubiese apoyado la aventura de Malvinas, si se hubiese quedado en su casa, en vez de interponer recursos en defensa de los presos políticos, sino hubiese tendido puentes con los jóvenes, con los intelectuales comprometidos, con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, con los intereses colectivos, compañeros, camaradas, correligionarios, en política siempre rinde mejor hacer lo que corresponde, lo que está bien, el paso del tiempo siempre lo demostró, aunque ello implique renunciamientos personales.

Emilio Villena  Militante político y gremial.