Los momentos difíciles y la entrega del poder

Alfonsín supo, desde un comienzo, que el suyo era un gobierno de transición. Los problemas estructurales que dejó la dictadura fueron hondos y graves, ya que empobreció al país para generar horror y más atraso. Las dificultades eran inminentes.

  Para ordenar el proceso de investigación y enjuiciamiento a las Juntas, Alfonsín sanciona la Ley de Punto Final, que dejó descontentos a muchos, pese a la razonabilidad de la medida. En 1987 se produjo el levantamiento carapintada de Semana Santa, dirigido por el coronel Aldo Rico, que culminó una vez que el Presidente mismo, solo, se hizo presente en Campo de Mayo, evitando lo que podía ser un gran derramamiento de sangre. Luego se promulgaría la Ley de Obediencia Debida, que intentó encauzar los procesos legales sobre los crímenes de lesa humanidad y centrarlos en quienes dictaban esas órdenes durante la dictadura.

  En enero de 1989 se produjo el levantamiento de La Tablada, que dejaría un saldo de 43 fallecidos. El mismo fue orquestado por el Movimiento Todos por la Patria, encabezado por Gorriarán Merlo.

  Todas estas medidas socavarían la popularidad de Alfonsín y su gobierno. A ello se sumaba la creciente inestabilidad económica, que se llevaría puesta a Sourrouille y Pugliese, ministros de Economía, y al Plan Austral.

 Pese a ello, cumplió sus promesas de campaña: sancionó la ley de patria potestad compartida, en 1985, y la Ley de Divorcio Vincular, en 1987, lo que le valió una tensa relación con la Iglesia Católica, que le hizo saber sus posturas. Es célebre la respuesta que Alfonsín le dio, en plena misa, a Monseñor Medina, a raíz de unas desubicadas e infundadas acusaciones de parte del cura.

  No fue esa la única corporación que le hizo amarga la vida al gobierno de Alfonsín. La Sociedad Rural hizo lo propio, en cuya exhibición anual el Presidente de la Nación dio un discurso histórico, entre chiflidos y aplausos. Los medios de comunicación obraron del mismo modo, con una actitud combativa y desleal.

  Alfonsín presentó una serie de medidas y reformas estructurales del Estado, que buscaban el progreso y la actualización del sector público. El traslado de la capital, la democracia sindical, la provincialización del territorio de Tierra del Fuego, la reforma judicial, la reforma constitucional se encuentran dentro de esas propuestas. Pudo concretar sólo algunas de ellas.

  El justicialismo tuvo una actitud ambivalente hacia el gobierno. Lo acompañó en su lucha contra los levantamientos (Cafiero estuvo a su lado desde el balcón de la Casa Rosada, en el levantamiento carapintada), pero en los últimos años le hizo, sin embargo, una oposición desmedida e interesada. Carlos Saúl Ubaldini, jefe sindical y referente justicialista, fue uno de los más acérrimos combatientes, oponiéndose a toda medida que saliera desde el Ejecutivo. Bastardeó la reforma del Estado propuesta por Alfonsín, pero no hizo lo mismo con la propuesta de Menem, siendo esta última mucho más cruenta.

  Para colmo de males, y ya con el proceso de hiperinflación, en 1989 se produjeron una serie de saqueos de supermercados que motivaron la declaración del estado de emergencia. Alfonsín, en un acto de debilidad para algunos, y de patriotismo para otros, entregó el poder seis meses antes de lo previsto, en lo que fue la primera transmisión de mando de un presidente democrático a otro de distinto color político.

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