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Y a pesar de todo

Por: Escuela Raúl Alfonsín

Con el viento y el cielo claro, viene un grito de ultratumba: los jóvenes deben consumar la obra. El peso de las pasadas glorias se hace abrazo, que retempla el cuerpo e inflan el pecho de nuevos aires. Se eriza la piel y me inundo de fuerzas. 


Parada en puntas de pie y observando el almanaque del comedor, mi pequeña prima siente que llego. De un tirón, me saca del mundo virtual de las nuevas obligaciones y me detiene para preguntarme, extrañada, por qué teníamos eso, si en todos los celulares hay uno. Le expliqué que era costumbre. Mi viejo los compra cada año, en un ataque de obstinada resistencia a la modernidad. Y eso sí: no pueden traer referencias ni fechas señaladas. Él se desafía a acordarse de todas. Y lo logra.

El día de hoy está marcado de rojo y mi prima se da cuenta. Con el cejo evidenciando la infantil duda, me pregunta por qué, si Messi y Riquelme cumplieron hace dos días. Ella es muy futbolera y, con cinco años, ya tiene una zurda temible. No, le respondo; hoy es el aniversario de la fundación de la Unión Cívica Radical. “¿De qué?”, pregunta en un agudo.

Dubitativo, me salvó el grito de su padre, mi tío, que la llamaba para irse. Habían venido a buscar libros para que siga leyendo. Me abraza y se va. El sábado, promete, vuelvo y me contás.

Aún pensativo por otros instantes, me invadió un muy puro sentimiento de injusticia y de terror al olvido. Me siento en la máquina, pienso y escribo.

¿Qué se contesta ante eso? La respuesta se me aparece tan irreal como este mundo, falso y extraño. Una catarata de epopeyas, sacrificios, noblezas, conquistas, grandezas, errores e injusticias marean la cabeza y nublan la pluma. ¿Por dónde se empieza, y cómo se empieza?

Inevitablemente impedido de narrar dos oraciones coherentes y simples –los desarrollos largos, se sabe, repelen –, esbozo una definición. Eso, la Unión Cívica Radical, pienso, es una forma de vida, una forma de ver y sentir las cosas y las personas. Un temperamento.

Profundizo. Temperamento no es, cuidado, la tan corriente habilidad de nuestros políticos de desfilar por los medios de comunicación, mendigando minutos, y para hablar sin decir, demostrar sin sentir, gritar sin pensar. Ni forma de vida se refiere al apasionado recelo por las figuras y físicos personales, tan bien cuidados, como lo están sus cabellos y peinados, o sus caras y sonrisas, bien entrenadas, por demás, para la cotidiana demagogia.

Leandro N: Alem Fundador de la Union Civica Radical

No. Es demasiado distinto. Tanto, que parezco pensar no ya en otra época u otro siglo, sino en otra galaxia o universo paralelo. Imagino desde esta habitación los comités con sus cuadros y su impronta y sus libros, más roídos y abandonados que antes. Imagino y siento, como cuando lo hacía al entrar por ellos, la pesada mirada de los grandes próceres, escrutando y pidiéndonos cuentas. Imagino lo andado y lo perdido, los errores y los sufrimientos. Recuerdo a mi viejo y mi abuela, y a ancianos emocionados contando sus leyendas e historias. Recuerdo discursos, y mis suelas caminando por donde lo hicieron las de tantos otros y otras, por calles empedradas o embarradas y veredas arruinadas, en lejanas y pesadas tardes de calor o noches horribles de frío y lluvia.

Recuerdo a Alem, Yrigoyen, Rawson, Elpidio, Sabattini, Balbín, Merciadri, Illia, y Alfonsín. Y a todos los héroes y heroínas silenciosas, que a lo largo de estos 129 años han levantando la bandera, a pesar de los golpes ajenos. Y los propios.

Recuerdo, y contrasto con el hoy. Con los políticos de hoy. Me invade la bronca, golpeo la mesa y me levanto. Tras la ventana, la tarde de invierno cordobesa es hermosa. El viento mueve  hojas y árboles y con su ruido gano calma. El melodrama, tan argentino y radical, puede esperar. No sé cómo le contestaré a mi prima el sábado. Tampoco sé si en unos años, pocos nomás, seguiremos recordando este día, o habremos desaparecido por completo.

Con el viento y el cielo claro, viene un grito de ultratumba: los jóvenes deben consumar la obra. El peso de las pasadas glorias se hace abrazo, que retempla el cuerpo e inflan el pecho de nuevos aires. Se eriza la piel y me inundo de fuerzas. Hoy, ahora, estoy feliz.

No puedo decir el futuro, como no voy poder contestarle a mi prima. Pero, a pesar de todo, el recuerdo me lleva de la desesperanza a la alegría y la fe. Agradezco al cielo y a este escudo rojo y blanco que me acobija y que me da sentido, y que me calienta la sangre y el alma en esta fría tarde de Córdoba.

Y a pesar de todo.

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Comentarios

  • Hermoso relato, lo compartí! Muchas gracias por mantener viva esa llamita radical durante estos años esquivos y llenos de pruebas que seguramente sabremos superar, tal vez demora porque con ética, responsabilidad y compromiso va más lento, Brindo en este día por una UCR que recupere las fuerzas y cure sus heridas porque la argentina nos necesita! Adelante Radicales!!

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