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El significado del 30 de octubre de 1983

Por: Enrique Illia

Cuantos anónimos construyeron una esperanza en 11 años entre 1972 y 1983. Quienes no se sentían representados, los que no tenían voz, todos los que vieron como los militares frustraron en el 66 una senda de crecimiento, desarrollo y distribución, pero la esperanza volvio con Alfonsín en 1983. 


Entonces, unos pocos iniciaron una esperanza, asumieron la dignidad de representar a los que habían sido acallados, se enfrentaron a la dictadura de aquella época, se le habló a la sociedad, para convocarlos a una gesta patriótica, democrática, renovadora, que enfrentara las injusticias. Constituyeron el M.R.C. dieron la pelea dentro de la UCR, con aquella formula Alfonsín-Storani.

A pesar de las derrotas políticas, el clima de violencia, los grupos armados, la represión ilegal, un nuevo golpe de estado, una dictadura que ejerció la mayor represión conocida, con crímenes de estado, entrega de la economía, empobrecimiento y exclusión social. Esa voz no dejo de hablarle al pueblo, no dejo de denunciar los atropellos, no dejo de asumir la defensa de presos político.

Mucha militancia en las calles, en las Universidades, junto a los trabajadores, en las organizaciones intermedias, buscando acuerdos en las Juventudes Políticas, entre los Partidos Políticos, en las movilizaciones con otras organizaciones políticas y sociales, para recuperar la DEMOCRACIA, asumiendo riesgos, exponiendo el cuerpo, perdiendo vidas de dirigentes importantes, otros sufriendo cárcel o represión, no dejaron de dar la pelea.

La valentía, la audacia, la imaginación, empezó a consolidar y sedimentar un vínculo entre el líder y su pueblo, que fue más allá de su propio espacio político.

No era el candidato de su propio partido, no era la salida que querían los militares (que buscaban impunidad) no era el candidato de los grupos de poder, pero era el candidato de la gente. Seguro habrá muchas interpretaciones, estudios, investigaciones que interpreten este tipo de fenómeno.

Cuando se produjo el acto de la Federación de Box, con la gente en la calle Castro Barros, la mayoría pensó que el acto había sido prohibido, luego Ferro, Estudiantes, las canchas llenas en el césped y las tribunas, Córdoba, Posadas, La 9 de julio llena, el acto de cierre en el monumento de la Bandera, en Rosario, en todos los actos en todas la ciudades,  en forma creciente, familias, chicos, mayores, jóvenes, mujeres, Radicales y no Radicales, se sintieron conmovidos, convocados, fueron seducidos, confiaron, creyeron en ese enorme “animal político”, que fue Raúl Alfonsín.

Hubo una coherencia, una legitimidad, una sensibilidad, una confianza, que estableció una comunicación, que no pudo ser derrotada, una vibración entre la voz y la sensibilidad del pueblo.

Alfonsín en la tribuna crecía, su imagen se agigantaba, el pueblo respondió a su convocatoria con un triunfo electoral incuestionable, el 30 de octubre del 1983 para muchos anónimos que sostuvieron la militancia durante esos 11 años, fue no solo la alegría de un pueblo que recuperaba la democracia, la libertad, la vigencia de la Constitución, la restitución de los derechos humanos, fue también recuperar la vida y dejar atrás, la muerte.

Se escucha y se coreaba…. “con el objeto de construir la Unión Nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

Ojalá seamos capaces de imitar este ejemplo, de estar a la altura de las necesidades que tiene la sociedad y unir a los argentinos en proyecto común.

Muchos de nosotros seguiremos escuchando en nuestras mentes esa convocatoria del preámbulo en la voz de Raúl Alfonsín.

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