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Reflexiones sobre la incógnita de la educación hacia un futuro incierto.

Por: María Belén Cornejo.

Antes de analizar los posibles escenarios de la escuela en el futuro, es imprescindible conocer y repasar el panorama previo que presentaba a la situación de pandemia.


Según el último Anuario de Estadísticas de la Educación de la Provincia de Córdoba que corresponde al año 2018, el Ministerio de Educación declara que en aquel año la Provincia contaba con 823.109 estudiantes entre niveles inicial, primario y secundario. El informe realizado por el Centro de Investigaciones Participativas en Políticas Económicas y Sociales (CIPPES) reveló que el 56,65% de ese total corresponde a menores de 18 años que se encuentran en situación de pobreza.

Bajo esta condición, ya podemos decir entonces que la diferencia educacional que existe en nuestra Provincia es altísima, puesto a que más del 50% de nuestros estudiantes provienen de situaciones económicas vulnerables y que, en su mayoría, asisten a escuelas públicas municipales y provinciales.

El mayor problema de las escuelas de Córdoba es la desigualdad en cuanto a posibilidades educativas, considerando también que solo el 32% de la población estudiantil puede acceder a instituciones de gestión privada, donde el presupuesto y los recursos son mucho mayores en comparación con las instituciones de gestión pública.

En un contexto de pronunciadas diferencias, aparecen los principales problemas que revelan la anatomía de la educación en Córdoba: sobre-edad, repitencia y abandono.

En 2018, se registró un porcentaje de sobreedad del 3,8% en primaria, y del 26,2% en secundaria. En números, hablamos de 33.985 estudiantes.

El porcentaje de sobreedad indica el cociente entre los alumnos con edad mayor a la teórica correspondiente al grado/año en el cual están matriculados y la matrícula total de ese grado/año. Puede clasificarse en simple o avanzada. Es simple cuando la edad del estudiante es un año mayor a la teórica correspondiente al grado matriculado. Se considera avanzada cuando, en este caso, la edad del estudiante es mayor en dos años o más.

La cuestión de la sobreedad tiene que ver con el conflicto que se genera dentro del aula de clases. Por lo general, estos estudiantes se encuentran marginados dentro del grupo de pares ya que les cuesta integrarse. Este problema está estrechamente relacionado con la pobreza, es decir, con ese 56,65% de estudiantes cordobeses que mencionaba.

Esto sucede debido a que la sobreedad surge a partir del inicio tardío o por interrupción de la escolarización de los estudiantes. En su mayoría provienen de sectores pobres y marginados donde no comprenden la importancia de la escolarización temprana, así como tampoco poseen los recursos para llevarlo a cabo. La interrupción del ciclo lectivo se debe también al trabajo infantil, ya que muchas familias se encuentran en situaciones de extrema pobreza y se ven obligadas a tomar medidas económicas drásticas, entre ellas, poner a trabajar a los niños.

Como principal causa, la sobre-edad se da en el marco de la repitencia dentro de la misma escuela. Es decir, los estudiantes que repiten año tras año y que por este motivo, quedan desfasados de la edad teórica a la que fueron matriculados.

El problema de la repitencia pareciera no tener fin, y lejos de disminuir, cada año se acentúa aún más.

En el año 2018 se registró un porcentaje de repitencia del 0,8% en primaria y del 7,4% en secundaria. Estamos hablando de más de 27.000 chicos que repiten el ciclo lectivo, que no llegan a cumplir con los requisitos mínimos para “pasar de año” y continuar su trayecto cronológico educativo. Este no puede ser un problema menor dentro y fuera de los muros de la escuela. Se debe tratar el tema de la manera menos traumática posible para el estudiante, ya que bien sabemos que por lo general el alumno repetidor sufre las consecuencias de volver a adaptarse a un nuevo grupo y tener que dejar atrás el anterior, a diferir en edad con los demás, a volver a cursar materias que ya había aprobado, etc.

La repitencia es una decisión que descansa en las espaldas de los docentes a cargo del año lectivo correspondiente y que, en cierta medida, funciona como fallo y sentencia. Por este motivo, se deben promover análisis sumamente críticos acerca de qué fracasó, cómo y por qué para reconocer cuáles son los factores a tener en cuenta y de este modo, hacer más eficiente la contención y prevención de aquel estudiante que podría ser repitente.

En el último eslabón de los problemas de la escuela, y considerado el más grave, aparece el abandono. Como ya vimos, la pobreza, el trabajo infantil, la sobre-edad y la continua repitencia se dirigen hacia un mismo camino: la deserción escolar.

La educación es un derecho humano universal e inalienable. Ninguna persona puede ser excluida de su disfrute. Por lo tanto, que un joven abandone la escuela significa el total fracaso del sistema educativo.

En el 2018 se registró una tasa de abandono anual del 4,6% en las escuelas de la Provincia de Córdoba. Estamos hablando de niños y jóvenes que dejan la escuela por motivos diversos, donde sus principales causas son situaciones económicas adversas, trabajo infantil, embarazos adolescentes, desinterés por el estudio, etc. Representan un porcentaje de la población que en primer lugar no completará el ciclo básico obligatorio de escolarización, que presentará problemas para su correcta inserción laboral y que, por este motivo, las posibilidades económicas se disminuyen llevándolos hacia una pobreza sostenida.

Entendemos entonces, que los principales y más graves problemas que presenta la educación en nuestro país y provincia provienen definitivamente de la pobreza, de la extrema desigualdad económica que existe. Es un hecho que la escuela no puede resolver la brecha económica de sus estudiantes puertas adentro, pero sí sería optimista pensar en una escuela que llegue a todos los rincones de la sociedad; que acompañe y motive el proceso de aprendizaje de sus estudiantes, comprendiendo la complejidad de las realidades que atraviesan.

La tarea de “atender” las cuestiones socioeconómicas marginales que aparecen en la comunidad y que se hacen aún más notorias dentro del aula de clases, deben ser responsabilidad y compromiso de los gobernantes políticos en su conjunto. Se debe proveer un presupuesto real, analizado detalladamente, para dotar así de la infraestructura necesaria a todas aquellas escuelas que le hacen frente a las realidades más desfavorables de nuestro país y nuestra provincia.

En cuanto a la institución, se deben reconocer aquellos estudiantes que presentan indicios de conflicto escolar; de esta manera se podrá acompañar el proceso del estudiante y evitar la deserción.

No se le puede pedir todo a una escuela, pero sí podemos trabajar con políticas más eficientes dentro de la misma. Al final, todos concluímos que la educación es lo más importante.

 

Educación sin escuela.

El 16 de Marzo del 2020 marcó un punto inflexión en la educación y en la escuela tal como la conocíamos. Hacia aquella fecha, el presidente Alberto Fernández anunciaba la suspensión total de clases presenciales en las escuelas de todo el país como consecuencia de la expansión de contagios producidos por la pandemia del Covid-19. A partir de ese día, las aulas se mantuvieron vacías por cuatro meses.

Resulta un poco caótico imaginar la escuela, con los problemas que ya mencionamos, trasladada a los hogares de cada estudiante.

La pregunta sería, ¿Podemos tener una escuela en casa? ¿Estábamos preparados? Está claro que no, que no estábamos preparados y que no teníamos la menor idea de cómo montar un aula de clase dentro de una vivienda familiar.

Un informe estadístico realizado por la CIPPEC en el 2019, reveló que sólo el 45% de las provincias del país invirtió en la infraestructura digital de sus estudiantes. Es decir que más del 50% de las provincias, el 16 de Marzo, contaban con escasas herramientas digitales para complementar el oficio del docente.

Resulta que de un día para el otro tuvimos que aprender a llevar la escuela hacia un ámbito virtual. Un ámbito que siempre resultó temido por el sistema educativo, bajo el lema de que “la computadora no puede reemplazar al maestro”. Por supuesto que no puede reemplazarlo, pero sí es necesaria la complementación del docente con los medios digitales; incluso antes de la pandemia lo era.

Recordemos entonces que el 56,65% de los estudiantes menores de 18 años en la Provincia de Córdoba viven en situación de pobreza. De ese porcentaje, sólo el 29.9% en primaria y el 54% en secundaria posee un medio para acceder a dichas plataformas digitales. Estamos hablando de que más del 50% de la población estudiantil, proveniente de los sectores más pobres de la Provincia, ni siquiera tiene acceso “a la escuela”.

En escuelas públicas provinciales y municipales, se implementaron medidas que se ajustan a la realidad de estos sectores. Clases coordinadas por Whatsapp, tareas enviadas a domicilio por los mismos docentes, trabajos grupales entre compañeros que no tienen acceso a internet y los que sí, entre otras.

Debido a la dificultad para contactarse personalmente con sus alumnos, los docentes se vieron obligados a incrementar el trabajo con actividades asincrónicas, es decir, tareas individuales sin supervisión del docente. Esto significa un problema, puesto a que el vínculo que se produce entre ambos comienza a disolverse y de esta manera, también la transmisión del conocimiento. Sin embargo, aún en estas circunstancias, la escuela se lleva a cabo.

 

Optimismo frente a la crisis.

Bajo un panorama que parece oscurecerse cada vez más, es interesante pensar cuáles son las fallas del sistema educativo y qué podemos proponer de nuevo. La pandemia nos obliga a reinventarnos, incluso dentro del aula.

En primer lugar, debemos darle el espacio que merece a las plataformas digitales. Es hora de aceptarlas y explorar su vasto contenido y potencia. El docente no dejará de ser el guía frente a la clase, tuvimos cuatro meses de experiencia para comprobarlo. Sin embargo el docente podría alivianar su trabajo mediante estas herramientas.

Debemos trabajar en conjunto con los estudiantes, para promover el correcto uso de las redes. Enseñar la responsabilidad que existe detrás de la pantalla.

El confinamiento desmitifica todos los prejuicios acerca de la enseñanza virtual, hoy podemos decir que sin este instrumento hubiese sido muy difícil y prácticamente imposible mantener en pie la educación a distancia. Asumamos que la modalidad virtual llegó para quedarse.

En segundo lugar, debemos cuestionarnos las formas de enseñar. La imposibilidad de la presencia en la escuela nos llevó a re-configurar toda nuestra estrategia pedagógica. Quizás es momento de explorar la educación desde otras perspectivas para dejar atrás el aprendizaje dirigido y comenzar a trabajar con el aprendizaje autónomo, guiando a nuestros estudiantes a construir su propio proceso del conocimiento. Debemos abrir el debate hacia una nueva mirada de la pedagogía en el aula, romper las fronteras del tradicionalismo educativo que practicamos hace años y proponer un nuevo sistema que se adapte rápidamente a la situación que estamos viviendo. Pongamos en práctica todos aquellos estudios e investigaciones que por tantos años hemos realizado acerca de cómo mejorar la educación en clase.

Por último y no menos importante, debemos hacernos cargo de la pobreza que nos espera e imaginar escenarios de calidad educativa que sea accesible para todos y se amolde a esa realidad. No podemos pretender una escuela latinoamericana con un modelo institucional europeo, sería una utopía.

La C.E.P.A.L (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) realizó un estudio que prevé un aumento de la pobreza extrema de 16 millones de personas en América Latina con respecto al año anterior. Los índices de abandono escolar se van a disparar debido a que la crisis ha atravesado todas las clases sociales en mayor o menor medida. El desempleo aumentó y por consecuencia, también la pobreza.

Un análisis exhaustivo de la situación de la educación durante el 2020 nos ayudará a tomar medidas pertinentes y acotadas a una realidad como la nuestra. De esta manera, al menos, no fracasaremos en el intento de exigirle cosas imposibles a las escuelas públicas del país y lamentarnos con los resultados.

 

Claves para la escuela que se viene.

Antes de volver al aula, hay una serie de cuestiones que debemos atender con suma seriedad y preparar un plan estratégico para que el resultado sea exitoso.

  1.  Armar un plan de contingencia en caso de rebrote.

No debemos descartar este posible escenario, ya que la frecuencia de contagios es incierta; sobre todo en nuestra Provincia. Con todo lo que implica volver a abrir las escuelas, no podemos pensar en de repente cerrarlas. La organización será clave para elaborar una serie de pasos a seguir en caso de un aumento repentino de contagios y de esta forma, no desperdiciar el valioso tiempo educativo que nos queda.

Debemos armar un sistema que pueda funcionar dentro y fuera de la escuela, que pueda trasladarse fácilmente sin demasiadas alteraciones a su conformación. No podemos darnos el lujo de actuar como inexpertos otra vez.

  1. Establecer políticas de higiene estrictas, garantizando los recursos necesarios.

Como bien dijimos, no somos Europa y nuestras escuelas no se asemejan a esas instituciones. Sin embargo, debemos apegarnos a la evidencia científica para que nuestro sistema escolar post-cuarentena sea sumamente eficiente, acotado al presupuesto con el que contamos. Quizás sea un poco exigente pedir plásticos separadores para cada estudiante o cabinas de desinfección, pero sí podemos trabajar con detallismo para preparar al personal de limpieza. Alcohol en gel, barbijos y un constante lavado de manos serán claves para llevar a cabo la vuelta a clases.

Si pretendemos excelencia en higiene y seguridad, debemos asegurarnos que todas y cada una de las escuelas tengan suministro de agua potable y jabón, por ejemplo.

Debemos establecer un compromiso entre docentes, estudiantes, padres y personal de limpieza para cumplir y hacer cumplir todas las medidas de protocolo obligatorias dentro de la escuela. Si partimos educando (valga la redundancia) desde la responsabilidad individual y colectiva, será un gran principio para este nuevo paradigma.

  1. Crear redes de docentes.

Sería interesante abrir las fronteras de los docentes de cada escuela para llevarlos hacia un plano municipal, provincial y, por qué no, nacional. Entre públicos y privados, los docentes podrían conocer el protocolo que se experimentan en otras escuelas y de esta manera saber cual es el más eficiente.

No todas las instituciones tendrán los mismos recursos para cumplir con las medidas; de hecho los docentes deben saber que renegaran más de lo habitual con los estudiantes por estas cuestiones. Justamente por este motivo, muchos se verán obligados a tomar nuevas iniciativas que incentiven y promulguen el cuidado personal de sus alumnos.

Las redes de docentes servirán, entre otras cosas, para establecer una comunicación formal entre el personal educativo. Desde medidas de protocolo hasta recomendaciones de plataformas virtuales para seguir trabajando, todas contribuirán a resolver cuál es el mejor método educativo para llevar a cabo en estas circunstancias. Debemos entender que nos enfrentamos a un futuro incierto y que no podemos resolverlo solos. ¡Necesitamos comunicarnos!

  1. Establecer canales de comunicación con padres.

Recordemos que los chicos llegan a clases, en su mayoría, acompañados por sus padres quienes también deben comprometerse con el protocolo de higiene establecido por cada institución. Habilitar el diálogo con los padres garantiza la extensión de la responsabilidad ciudadana por fuera de los muros de la escuela. Aceptando y comprendiendo que muchos de esos padres (los padres del 50% de la población estudiantil de la Provincia) proceden de hogares muy humildes, donde probablemente estas medidas de higiene sean escasas por falta de recursos, se hace aún más necesaria la responsabilidad por parte de la institución.

La educación otra vez supera la realidad que estamos viviendo para dar un paso más allá de su labor como institución. Plantear el cuidado personal con la seriedad que merece es pertinente para trasladar este compromiso hacia los hogares de cada estudiante, y de esta manera, hacia el resto de la ciudadanía.

  1. Mantener y potenciar aún más el uso de plataformas virtuales.

Como ya dijimos, no podemos descartar los logros en términos de educación con respecto a los medios digitales. Ahora más que nunca es cuando debemos utilizarlos a nuestro favor. Comprendiendo la gradualidad del retorno a clases, el tiempo es muy valioso. En primer lugar, porque la presencia será breve y en segundo lugar porque por fin tenemos la oportunidad de organizarnos con todas las variables que ya experimentamos. La enseñanza digital seguirá siendo clave para el desarrollo exitoso de la escolaridad en estos momentos, se deberán rever los contenidos para elegir cuales trabajar presencialmente y cuales virtualmente. De este modo, se optimizará aún más el tiempo presencial en clase, que reitero, es poco.

  1. Considerar que el estudiante se encuentra en un contexto emocional inestable.

Estamos hablando de niños y jóvenes de menores de 18 años, con características psicológicas y cognitivas particulares, que presentaran grados de ansiedad e incertidumbre mayores a los que habitualmente expresan en el aula de clase. Reducir esos niveles será una tarea clave del docente dentro del espacio educativo. Debemos plantear ejercicios que fomenten la motivación para que de esta manera, la transmisión de conocimiento sea más efectiva y agradable en estas circunstancias.

Se pueden re-pensar los espacios dentro de la escuela para llevar a cabo estas intenciones. Salir del aula y ocupar patios o espacios más amplios e iluminados puede contribuir a esta causa.

Como si fueran pocas las variables con las que debe enseñar un maestro, la creatividad se destaca entre todas ellas para recuperar conocimientos perdidos o poco afianzados durante el confinamiento.  Los estudiantes no son adultos pequeños, son jóvenes que responden a estímulos muy diferentes. El personal escolar deberá reconocer y trabajar cuidadosamente con los intereses de sus estudiantes para retomar “el incentivo de ir a clases”.

Concluyendo, sabemos que todos estos desafíos durante y después de la pandemia tendrán repercusiones positivas en el sistema educativo si se trabajan con responsabilidad y conocimiento.

La crisis pone en evidencia los puntos débiles de la escuela y también dónde están los buenos liderazgos docentes. Una vez más, re descubrimos la importancia de la escuela y del vínculo irremplazable que existe entre un maestro y sus alumnos. Ahora solo queda fortalecer el compromiso que tenemos con la educación y que, como vimos, a tantos niños le debemos.

Bibliografía y datos pertinentes:

 

https://www.cba.gov.ar/informacion-y-estadistica-educativa/

Anuario 2018 – Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba (último registro publicado).

http://www.cippes.org/publicaciones/informe%20pobreza%20ni%C3%B1ez%202019%20julio.pdf

CIPPES – Incidencia de la pobreza en niños y adolescentes en Argentina

https://argentinosporlaeducacion.org/ficha/C%C3%B3rdoba

Estadísticas educativas. Observatorio Argentino por la Educación

https://www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus/poblacion/escuelas

Medidas implementadas a nivel nacional.

https://www.cippec.org/publicacion/politica-educativa-ante-el-covid-cordoba/

CIPPEC – Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Análisis de medidas implementadas en la Provincia de Córdoba.

https://www.conicet.gov.ar/educacion-en-tiempos-de-pandemia-consejos-de-especialistas-para-enriquecer-las-aulas-virtuales/

CONICET

https://www.unicef.org/argentina/comunicados-prensa/Covid19-encuesta-rapida-informe-educacion

UNICEF

https://www.cepal.org/es/comunicados/fao-cepal-millones-personas-pueden-caer-la-pobreza-extrema-hambre-2020-america-latina

CEPAL

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