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Raúl Alfonsín y el retorno a la democracia en 1983

Por: Alfio German Acosta

No existe ningún partido político en el mundo que haya hecho, en materia de derechos humanos, lo que el Radicalismo hizo en el gobierno a partir de 1983


La Escuela Raúl Alfonsín hace poco ha publicado su último libro “Retorno a la Democracia y nos lleva de orgullo en tiempos en que lo urgente diluye lo importante, en donde las necesidades electorales dominan la orientación de lo político y de la política, y en los cuales el “tener” relega al “ser”,  evidentemente el “exitismo” resulta más atractivo que el contenido, además de ser necesario publicar este libro, genera un regocijo enorme. No como la mera satisfacción de un logro, sino como una tarea emprendida para cumplir con el deber de difundir el pensamiento y el ideario de quien fuera uno de los referentes vitales de la recuperación de la Democracia en la Argentina.

El discurso del 10 de diciembre de 1983 de Raúl Alfonsín en la Honorable Asamblea Legislativa da a conocer los principales objetivos del gobierno en los diversos terrenos que debe actuar, tales como la política nacional e internacional, la defensa, la economía, las relaciones laborales, la educación, la salud pública, la justicia, las obras de infraestructura y los servicios públicos.

Desde 1930, nuestro país sufrió el efecto pendular de períodos de gobiernos civiles y las interrupciones del orden constitucional por parte de los militares. El último golpe de 1976 sumió a la sociedad argentina en su página más cruel y trágica de toda nuestra historia nacional. La última dictadura tuvo el consentimiento de un sector importante del pueblo argentino y el silencio ensordecedor de algunos medios de comunicación, como bien lo afirmó Alfonsín: “fue un exceso de autocensura o directamente de complacencia”.

El 30 de octubre de 1983, Alfonsín obtuvo un triunfo contundente con el 52% de los votos, derrotando a Ítalo Argentino Luder, candidato peronista, quien alcanzó el 40% de los votos.  En efecto, la realización de elecciones generales y la asunción de un presidente electo, por la mayoría de la población, se volvieron -en ese sentido- solo un primer paso.

Este nuevo gobierno que comienza en 1983, fue un gobierno de transición, del autoritarismo hacia la Democracia. Presentado como un proceso de ruptura. En el caso argentino se dio una transición no pactada. A diferencia de la transición acordada, como  fue  la transición española en Europa y la transición chilena en América Latina. Ambas experiencias se consideran ejemplos clásicos de este proceso para garantizar así, una Democracia tutelada o restringida, puesto que Raúl Alfonsín inició su gobierno en un contexto muy complejo, proceso que recibió como herencia al Terrorismo de Estado y el aislamiento internacional, ya que el resto de los países de América Latina contaban todavía con gobiernos de facto y condicionamientos económicos- sociales.

Presentación del Libro “Retorno a la Democracia”

El retorno a la Democracia en la Argentina influyó y precipitó un proceso similar en distintos países del Cono Sur, como Uruguay, Paraguay y Brasil, que contribuyeron a acelerar el curso de la experiencia democrática en Chile con la participación de veedores internacionales. Ninguno de dichos países fue tan a fondo con respecto al enjuiciamiento de las experiencias del horror en lo que refiere a derechos humanos, como sí lo hizo nuestro país, juzgando a las juntas militares.  Se logró reconocimiento internacional, ya que Argentina es reconocida por enjuiciar las vejaciones desarrolladas durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”. Proceso de juicios iniciados por el presidente Raúl Alfonsín.

La construcción de un sistema democrático, republicano y federal ha sido una tarea que, por definición, involucró a toda la sociedad,  por ello  Raúl Alfonsín luchó durante toda su vida para lograr una Democracia de consensos, sin apartarse, en ningún momento, de lo que había planteado en la campaña y  sin alejarse de sus convicciones. En consecuencia, aquel 10 de diciembre de 1983 concluyó una larga y dramática etapa de la historia argentina.

Raúl Alfonsín supo que no podía sentar bases sólidas para el futuro si no se saldaba la cuestión civil-militar. Por dicha razón, rechazó la autoamnistía. Luego, ya siendo parte del gobierno, cumplió con su promesa de campaña, la de aplicar los tres niveles de responsabilidad a todos aquellos involucrados en la vejación y arrebato de los derechos humanos durante el último gobierno de facto: “los que habían dado las órdenes, los que las habían cumplido en un clima de horror y coerción y los que se habían excedido en el cumplimiento”.

En uno de sus primeros actos de gobierno, apenas dos días después de asumir como Presidente, firmó dos decretos, los 157 y 158. El primero establecía la necesidad de investigar penalmente a los referentes de grupos armados como los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P.); y el segundo, ordenaba el juicio a los ex comandantes que integraron las tres Juntas Militares ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas por su responsabilidad en los homicidios, torturas, detenciones ilegales y desapariciones de personas, perpetrados entre 1976 y 1983 e inspirados en la Doctrina de la Seguridad Nacional.

El 15 de diciembre de 1983 se creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) para esclarecer el pasado violento de la última dictadura militar. La CONADEP desempeñó la función de recibir denuncias y pruebas. Posteriormente, esos documentos fueron enviados a los jueces para averiguar el paradero de personas desaparecidas y así, determinar el sitio donde pudiesen encontrarse los niños, personas secuestradas, situación que conllevaría a emitir un informe final.

En definitiva, no existe ningún partido político en el mundo que haya hecho, en materia de derechos humanos, lo que el Radicalismo hizo en el gobierno a partir de 1983; ni siquiera en el juicio de Núremberg.  Este último fue llevado a cabo por tribunales especiales impuestos por los países que ocuparan territorios derrotados militarmente. En Argentina los juzgamientos se hicieron con jueces naturales emanados de la Constitución.

Hoy, como jóvenes, recordamos al gran presidente de la transición que encarnó la conciencia moral de la república, el gran constructor de la Democracia argentina. Hombre íntegro que creía en la república y  que defendió la legalidad y las instituciones. No era la suya una licitud vacía o de instituciones  meramente estructurales, sino un camino para la plenitud de la dignidad del individuo.

La figura de Raúl Alfonsín con el paso del tiempo se  ha agigantado aun más y su  recuerdo se profundiza cada día como la marca en la corteza. En lo personal, no conocí a Raúl Alfonsín; nací en 1985,  en un  paraje llamado La Bajada de tan solo cincuenta habitantes en pleno monte de la provincia de Santiago del Estero. Sin embargo, desde hace ya algunos años comencé a conocerlo a través de sus libros, sus discursos, y cada vez que leo sus ideas, me conmueve su inteligencia, su visión, su profunda convicción y su lucha inclaudicable; no solo por recuperar la Democracia sino fundamentalmente por consolidarla. Raúl Alfonsín nos dejó su ejemplo y su enseñanza, el ejemplo de una conducta y de la fidelidad a la lucha que prosiguió por encima cualquier adversidad política.

Hoy, cada hombre de nuestro pueblo golpeado por las frustraciones de estos tiempos, puede mirar la vida de este ciudadano ilustre que luchó por y para las instituciones y no por los cargos. Raúl Alfonsín no ha sido un hombre en la historia, ha llegado más allá y se ha transformado en un ser relevante en nuestra lucha. Sus aptitudes políticas fueron más que atributos personales, han sido la expresión de la voluntad y del ideario de un partido destinado a seguir desarrollando un papel fundamental en la vida institucional de la patria; puesto que ha trascendido lo individual al alcanzar a millones de personas. Esta circunstancia no se agotó en el reconocimiento póstumo. Nada de todo esto ha muerto, sino que se ha surgido el nacimiento de un compromiso.

El Radicalismo que mantuvo vivo el pensamiento de Alem, Yrigoyen, Larralde, Lebensohn, Illia, recoge hoy la lucha de Raúl Alfonsín en una contienda sin tiempo. Cuando se lucha por cuestiones fundamentales, también las opciones son fundamentales. Los radicales debemos sin soberbia ni omnipotencia, pero con la conciencia de la responsabilidad que enfrentamos; tener presentes las palabras de San Martin: “serás lo que debas ser o no serás nada”. Esta opción terminante no señala solamente una lucha irrenunciable, sino además la exigencia de un Radicalismo como lo añoraba Larralde, “unidos en la acción, en la conducta y en su doctrina”. En consecuencia, la Unión Cívica Radical debe volver a ser popular o no será nada.

Creemos que lo expuesto justifica, con mérito sobrado, ofrecer esta obra, con la esperanza de que en sus páginas encontremos la inspiración que nos impulse a luchar siempre por nuestras convicciones, procurando trabajar en la mejora de la dignidad humana.

(*)Alfio German Acosta  Presidente Escuela de Formación Política Raúl Alfonsín

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Comentarios

  • Ha sido tan grande la figura del Señor Presidente Dr.Raúl Alfonsin, que su obra, difícil se pueda conocer con la profundidad que se merece –

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