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Raúl Alfonsín a 10 años de su desaparición física

Por: Jorge A. Allievi

La referencia de Alfonsín es fundamental porque sus ideas son la última referencia ideológica y doctrinaria del Radicalismo que implica la síntesis de esa doctrina. 


Se han cumplido diez años.

Eran las 20:30 horas. Ya el día anterior se había desmejorado bastante. A la mañana del 31 Monseñor Laguna comentaba que  “me agarró la mano y no la soltaba”. Dicen que estaba sereno.

Hacía pocos días, en octubre del año anterior en la Casa de gobierno de la Nación Argentina, el gobierno nacional y figuras destacadas del país le habían rendido un homenaje por ser considerado el “Padre de la Democracia recuperada”, como un acto de justicia histórica y reconocimiento en nombre del pueblo argentino. En aquella oportunidad la Presidente de la Nación, Cristina Fernández, luego de haber escuchado todo el discurso de agradecimiento del Presidente Alfonsín –ya con su salud y su voz muy castigada por el cáncer de pulmón que había hecho metástasis ósea- , en una posición de absoluto respeto y admiración como ella misma lo afirmó siempre, de pie, sintetizaba un sentimiento compartido por muchos argentinos. Decía, “Querido Presidente Raúl Ricardo Alfonsín… sí, es cierto que este es un homenaje a la Democracia, pero también es un homenaje a Usted, como persona… Pero además, como presidente, es Usted, más allá que Usted lo quiera o no, el símbolo del retorno de la democracia a la república argentina. Para quienes vivimos las más terribles dictaduras, la Democracia no es solamente una forma de gobierno sino de vida. Por eso aquel 30 de octubre de 1983 se caían las lágrimas por haber perdido, pero debo decirle que ese 10 de diciembre, cuando le habló a los argentinos desde el cabildo Usted le habló a todos los argentinos, a mí también”. Era la respuesta a la grandeza y  humildad de Alfonsín que había rechazado la posibilidad que se rindiera un homenaje a él, a su persona y se erigiera un busto en su honor en la Casa Rosada. Así lo manifestó en su discurso, que fue una verdadera pieza de filosofía política y su testamento político.

“No interpreto que se realiza un homenaje a mi persona sino a la democracia que logramos entre todos los argentinos”. Hizo referencia a que hay que evitar autorreferencias y el personalismo, y agregó “sigan a ideas no sigan a hombres, fue y es, y siempre será mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan o fracasan; las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática”….”La democracia que tenemos es nuestra casa común, el hábitat y las normas que nos deben permitir desarrollar nuestras vidas más plenamente como individuos y familia, como sociedad y como pueblo que aspira a ser una nación”. “Democracia es vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad y de oportunidades; y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales. Tenemos libertad, pero nos falta la igualdad. Tenemos una democracia real, tangible, pero incompleta, y por lo tanto insatisfactoria. Es una Democracia que no ha cumplido aún con algunos de sus principios fundamentales; que no ha construido aún un piso sólido que albergue e incluya a los desamparados y excluidos, y no lo ha podido tampoco aún a través de tiempos y de distintos gobiernos construir puentes firmes que atraviesen la dramática fractura social provocada por la aplicación e imposición de modelos socio-económicos insolidarios y políticas regresivas.” Y a renglón seguido, sentenciaba, recordando partes de su discurso de asunción: “el 10 de diciembre de 1983 convoque a todos los argentinos a una tarea común para constituir la unión nacional. Para lograrlo era imprescindible luchar por un estado independiente, que no podía subordinarse a poderes extranjeros ni a grupos financieros internacionales, ni a los privilegios locales. La propiedad privada cumplía un papel importante en el desarrollo de los pueblos, pero el estado no podía ser propiedad privada de los sectores económicamente poderosos. Era necesario buscar un consenso fundamental: la democracia aspira a la coexistencia de las diversas clases y sectores sociales, de las diversas ideologías y de diferentes concepciones de vida.”

“Sin la conciencia de la unión nacional será imposible la consolidación de la democracia. Sin solidaridad, la democracia perderá sus virtudes y contenidos, sus verdaderos contenidos.”

“Aprendimos que cuando el pueblo no decide sobre el gobierno, la nación y el pueblo quedan desguarnecidos frente a los intereses de adentro y de afuera”.

Es un legado fundamental.

A las 21 horas, su médico, el Dr. Alberto Sadler, daba a la Nación la trágica noticia que no queríamos escuchar;  que nos negábamos a aceptar desde lo emocional, desde lo humano. El Presidente Raúl Ricardo Alfonsín a los 82 años recién cumplidos había muerto a las 20:30 horas de ese 31 de marzo de 2009 producto de un cáncer de pulmón con metástasis ósea que se complicó con una neumonía broncoaspirativa. “Falleció tranquilo en su domicilio. Estaba dormido con deterioro sensorial…Todo ocurrió con suma tranquilidad con todos sus familiares alrededor”, anunciaba el facultativo.

Una multitud de centenares de personas de todas las edades, muchos radicales, otros tantos sin pertenencia política alguna acompañaron al caudillo allí en la avenida Santa Fe al 1600, su vivienda particular.

Owen Fiss, académico de la Universidad de Yale, decía en un acto de la cátedra Raúl Alfonsín de la UBA que Alfonsín miraba hacia el futuro sin buscar retribución alguna; que concebía la seguridad y los Derechos Humanos como componentes esenciales de la sociedad, entendida esta como una entidad moral, y ubicaba a Raúl Alfonsín por encima del resto en la medida que fue, por su convicción y por su impulso, el representante del mayor hecho histórico, el juzgamiento a los responsables del mayor genocidio de la historia argentina de manera inmediata. La posición sostenida por  Fiss se fundamenta en que no se podía pensar en edificar un modelo y proyecto de nación si no se saldaba éticamente lo segundo, sin lo cual no puede imaginarse la seguridad de la continuidad de la Democracia ante la evidencia empírica y las conjeturas de ellas deducidas, y de los ciudadanos en su condición humana. Lo que debía hacerse en relación al pasado inmediato, decía Fiss, determinaba de manera principal lo que ocurra en el futuro de la nación. Y agregamos, a pesar que el acero de los cañones de los fusiles militares estaba aún muy caliente. De ello resultó que luego de las sentencias a los genocidas fueran más de cuatrocientas las acusaciones efectuadas.

Esa vigilia del último día de marzo millones de argentinos entre repasaban hechos determinantes para que hoy, a casi 36 años de democracia, sigamos viviendo, con aciertos y errores, en la única forma de vida que permite vivir en libertad, aún cuando no hayamos logrado aún la igualdad en todos sus aspectos, y que por primera vez en la historia haya dos generaciones completas que no conocen el horror. Y a la velocidad del relámpago pasaban las imágenes y pensamientos sobre lo aportado por el cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, creada en 1975 para enfrentar la desaparición, tortura y muerte forzadas, primero por la AAA y luego por el régimen cívico militar que sometió al cuerpo social argentino durante casi ocho años, fundación realizada junto a celebridades con altura moral como Alicia Moreau de Justo, Jaime De Nevares, Alfredo Bravo, Oscar Alende, Adolfo Pérez Esquivel, el rabino Marshall Meyer.

Y en ese repaso atraviesan los ejes estructurales que articulan el modelo de nación que pretendemos los argentinos, los que fueron en muchos casos ferozmente resistidos por los sectores autoritarios y totalitarios en su desesperado querer aferrarse al pasado y a su vez  combatir frontalmente esos cambios sin los cuales era imposible sentar las bases de una Democracia Social que aún está ausente por el avance de los sectores corporativos, oligárquicos e ideológicamente retardatarios, incluso en muchos casos fascistas.

Y surgen así la consecución de derechos como la Patria Potestad Compartida como primer síntoma de igualdad entre los padres; el Divorcio Vincular que regularizaba una situación de alta conflictividad no sólo entre los cónyuges sino entre sus hijos, sus posibilidades de rehacer sus vidas con seguridad jurídica y social; el Congreso Pedagógico Nacional que intentó poner en superficie el anacrónico e injusto sistema de educación argentino con la participación de toda la comunidad educativa en un mismo plano de igualdad de todos los actores. Estas tres cuestiones fundantes fueron combatidas desde los sectores hegemónicos imperantes (Oligarquía, empresas multinacionales, en el último caso incluso el Banco Mundial, algunos sectores mayoritarios del peronismo que trataron de boicotear el Congreso pedagógico, sumándose a la derecha y la Iglesia Católica, además de los partidarios del conservadurismo más retardatario y reaccionario)

El enjuiciamiento a los responsables del terrorismo de estado y las cúpulas de las organizaciones armadas que habían actuado en exceso. Pero se centró en lo absolutamente inadmisible: que el poder omnímodo que posee el Estado recaiga de manera horrorosa sobre todos los argentinos según lo consideren los dictadores y sus adláteres. Esto último era perentorio en la más estricta acepción del término; se trataba de provocar la ruptura con un largo pasado de impunidades y amnistías frente a las violaciones del estado de derecho que marcaron a fuego cincuenta años de historia argentina. Y se logró, aún con la acotación temporal para presentar denuncias, salvo para los casos de apropiación de niños, pero, reitero, luego de los más de 400 casos presentados, y que luego tuvieron continuidad durante el gobierno del Dr. Kirchner en adelante -con el interregno de los indultos durante el gobierno menemista-, continuidad que fue celebrada y apoyada por el Dr. Raúl Alfonsín, lo que fue hecho saber al entonces presidente Kirchner por el propio ex presidente en la inteligencia que ya estaban dadas, luego de veinte años de aquellos trascendentales e históricos juicios con los sectores cívico-militares afectados conspirando de manera permanente, las condiciones para terminar de concretar la tarea de reparación en materia de violación a los Derechos Humanos.

El Plan Alimentario Nacional que era un plan integral de reparación social que incluía además la construcción de infraestructura de comunicación, de salubridad, llevando a los lugares más recónditos el agua para la subsistencia y los alimentos. Ello acompañado por el seguro social, el no pago de la deuda mextrna a costa del hambre de los argentinos, las reformas a los códigos civil y penal, la construcción de gasoductos nunca antes realizados y en tiempo record; la exportación de la democracia al resto de la región con enviados especiales del presidente Alfonsín para contactarse y apoyar los procesos de liberación y regreso de la Democracia a los países en dictadura del Cono Sur que en su gran mayoría se encontraban en tal condición, entre otras medidas. Todo ello en un escenario internacional totalmente desfavorable desde lo económico, con mercados financieros y comerciales cerrados, inexistentes, producto de la dictadura y sin ventajas comparativas alguna, con los precios de commoditys recontra bajos, tasas de interés usurarias y una industria nacional destrozada.

Son sólo algunas de las concreciones que a miles de argentinos se les cruzaban por la mente en esas aciagas horas mientras comenzaban a acercarse a su vivienda y al Congreso Nacional miles de ciudadanos que encendían una vela, cada uno con sus rezos y todos entonando cada tanto el Himno Nacional Argentino.

El argentino probo, el Padre de esta Democracia moderna, el gran caudillo del Radicalismo que le dio una impronta ética a la Unión Cívica Radical creando el clima que terminó contagiando a otros partidos políticos, que como bien dice el estimado Federico G. Polak, se reinventaba permanentemente para tratar de sacar este pesado buque que es la Nación Argentina adelante; el político, el militante de la vida que puso gratuitamente sus servicios de abogado como un acto ético para defender a amigos y opositores sin distinción y presentar habeas corpus por los detenidos-desaparecidos; el Vicepresidente de la Internacional Socialista y presidente del Comité Latinoamericano de la misma; el condecorado y premiado constructor de la democracia en tantos foros, gobiernos y parlamentos internacionales; el que asentó con el presidente Sarney de Brasil las bases del Mercosur en la Declaración de Foz do Iguazú a través del “Acuerdo de Integración” conformado por cuarenta protocolos. Ese político que jamás claudicó en sus convicciones y que prefirió entregar el mando cinco meses antes para no poner en peligro la tan costosa y anhelada Democracia, dejando de lado cualquier personalismo, logrando así algo fundamental en lo concreto y simbólico cual es el traspaso de mando presidencial de un presidente constitucional, democrático y obviamente legal a otro. Ese es el patriota que se marchó físicamente ese 31 de diciembre.

Hombre de diálogo, de permanente búsqueda de consensos como lo dejó claramente manifestado cuando ofreció la titularidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a su inmediato ocasional adversario, al Dr. Ítalo Argentino Lúder, y cuando creó el Consejo Para la Consolidación de la Democracia con los representantes de todos los partidos políticos de Argentina, en una clara reafirmación de sus convicciones en la búsqueda de la unión nacional como lo había manifestado en su discurso de asunción y en cuanta tribuna se le brindase, incluso, en su último discurso en el homenaje ofrecido por la entonces Presidente Cristina Fernández. Hombre de paz fehacientemente probado al firmar el Tratado de Paz y Amistad con la hermana República de Chile; partidario de la Unión Latinoamericana, a pesar de la tremenda resistencia opuesta por el presidente de los Estado Unidos de Norteamérica a quién, en un acto de fuerte convicción y ejercicio de su cargo como representante de la Nación Argentina, en su propia casa frenó las pretensiones del imperio del norte que Argentina no diese ayuda a los pueblos de Cuba y Nicaragua.

Fue un defensor a ultranza de las instituciones, respetuoso de la división de poderes y defensor acérrimo de la democracia de partidos. Decía Alfonsín: “La Democracia es un proyecto a largo plazo. No importa cómo me juzgue a mí la historia; lo importante es que haya ayudado a salvaguardar esa Democracia”. Esa fue su obstinada lucha y vaya si lo logró: hoy, a 10 años de su partida y 36 del retorno de la Democracia, a pesar de los avatares, hay Democracia para siempre en la Argentina.

Dedicatoria en el ejemplar de Mafalda, obsequiado al presidente Alfonsín.

Tal vez la frase más paradigmática que pinta a Alfonsín la dijo Quino, el padre de la eterna niña brillante de Argentina, Mafalda, cuando ésta manifestó que fue “el único presiente capaz de demostrarnos que todo eso que nos enseñan en la escuela puede ser verdad”.

Alguien alguna vez dijo que Alfonsín es el primer mito de la Democracia al que hay que volver cuando gane la confusión. Y no estaba errado. En estos momentos que no sólo en el Radicalismo ha ganado la confusión y de manera morbosa, bueno sería que se referenciara la política en general en estas figuras paradigmáticas. Así también lo decía Benedetto Croce, que para precisamente no desviarse, es necesario volver a las fuentes, a la historicidad.

La referencia de Alfonsín es fundamental porque sus ideas son la última referencia ideológica y doctrinaria del Radicalismo que implica la síntesis de esa doctrina. Pero  no para repetir sus conceptos en discursos  solamente. Para Alfonsín la política es acción, praxis como resultado de la reflexión. Teoría y praxis tienen en sí una condición inseparable e inviolable: coherencia ética. Predicar una cosa para terminar violando lo predicado es perverso. Basta con leer algunos de sus conceptos en este mismo escrito. Y en el presente, gran parte de la oligarquía dominante del Radicalismo bastardea esa premisa, por lo que la transforma en su opuesto, en lo antiético. Pasar de representar la causa de los desposeídos (materiales y espirituales), la fuerza política que representa e interpreta las demandas de la inmensa mayoría del pueblo argentino, a representar los intereses de las clases medias acomodadas y oligárquicas, es lo opuesto, ergo, es antiético. Si es antiético, categoría inviolable como buen kantiano, para Alfonsín es ser anti radical.

No creía en los que se piensan infalibles. Tampoco en los que absolutizan su pensamiento como verdad única, tal como ocurre ahora. En su “Memoria Política” nos dice: “Pésimo gobernante sería aquel que se creyera al abrigo de toda falla. Quien es incapaz de reconocer un error es todavía más incapaz de corregirlo”. Estamos tal vez los argentinos ante esta instancia. Sólo con dialogo se puede salir y el gobierno nacional actual no tiene capacidad ni deseo de diálogo, ni siquiera con las facciones que lo apoyan; lo proclaman pero no lo practican en una actitud demagógica e irresponsable que pone en peligro la democracia misma.

Alfonsín como dijimos era un buscador obsesivo del diálogo y el consenso, lo que hoy no ocurre. Igual de grave que dentro de nuestro propio partido ello tampoco ocurra enseñoreándose la soberbia. También para esto tenía una sentencia: “La política cuando no es diálogo termina siendo violencia”. Lo perverso es que los que quedan atrapados, sin ser escuchados en sus demandas es el pueblo argentino. Solo son satisfechos los reclamos de las corporaciones de adentro y de afuera, principalmente las de afuera. Tal vez por eso, seguramente por eso, por estar en las antípodas de esta forma de construcción política, propia de esa categoría sociológica neutra llamada populismo, en este caso de derecha, Raúl Alfonsín tenía perfectamente claro cuál era el límite ético-político de la UCR, justamente la derecha y el presidente actual de los argentinos.

Alfonsín no descansa ni aún en su ausencia física. ¿Por qué? Creo que la respuesta es obvia: Si me preguntan quién fue, quién es Raúl Alfonsín, podría tentarme y caer en lugares comunes tales como “el padre de la democracia”, “lo que sus iniciales indican, R.A., la República Argentina”, “el adalid de los Derechos Humanos”, “un gran hombre, sincero,  honesto y humilde”, o “un gran estadista latinoamericano” etc. Pero no caería en ello porque cualquiera de ellas por sí solas le quitaría su verdadera estatura histórica. Él fue una compleja conjunción de todas ellas con un agregado adicional que lo convierte en ese animal político distinto y que hace que hoy haya un pueblo y una nación que lo recuerda, lo reconoce y lo eleva como líder, estadista y patriota. Fue él el que dijo que hay que seguir ideas, no hombres y dejó en claro que ese es su mayor legado a las generaciones venideras. Los radicales honramos ese mandato y no lo traicionamos, porque como dije anteriormente, es la síntesis de la doctrina, la filosofía e historia de la Unión Cívica Radical. Para nosotros los “alfonsinistas”, Raúl Ricardo Alfonsín hace tiempo ya, incluso antes de su muerte física, abandonó su finitud humana a pesar de sus dolencias, para pasar a la infinitud de ser idea. Eso es Alfonsin; por eso su legado es él mismo. Honrarlo, significa como militantes, como Radicales, como argentinos, no traicionarlo en nuestras conductas diarias, en ellas debe estar presente como actitud permanentemente revolucionaria.

Jorge A. Allievi

Militante de la Unión Cívica Radical

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Comentarios

  • Hemosa reseña de un grande!! Querido por partidarios y opositores!! El mejor político que conocí y uno de los pocos verdaderamente honesto!!

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