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La Incertidumbre y la Encrucijada de los Partidos Políticos de la Democracia

Por: Dr. Sergio Oviedo

El radicalismo esta frente a una doble encrucijada, enfrente se presenta un supuesto neo progresismo que escribe con tinta socialdemócrata y lleva el social populismo de siglo XXI en su esencia y que le disputa su base popular y una centro derecha liberal que le disputa la clase media y los principios de humanismo y libertad.


Los afroamericanos de los Estados Unidos sostienen que en alguna oportunidad todos los seres humanos nos encontramos con un “crossroad” que nos presenta un «pacto de Fausto», un trato en el que se intercambia la integridad y el alma por una ganancia personal, o esencialmente vender «lo que uno es» por lo que uno desea convertirse.

Según una conocida leyenda alemana del siglo XVI, el Dr. Fausto, un estimado científico, intercambió sus valores morales y su ser espiritual para satisfacer sus ansias de mayor conocimiento y poder. Goethe en su obra trágica, Fausto, adoptó otro enfoque y al invertir la leyenda, presentó un escenario en el que no hay una ganga sino una apuesta entre el científico que perdió todo significado en su vida y Mefistófeles, el mismo Diablo, quien promete darle significado con la condición de que cuando tenga éxito, acepte ser siempre su sirviente.

Sin importar el enfoque, el núcleo de la historia permanece inherentemente: el hombre llega a un acuerdo, privándose de un futuro con el sublime regalo del libre albedrío, para hacer del futuro el que anhela, su presente. Hay innumerables escenarios de individuos que conocemos, conocimos o simplemente mencionamos en la historia, que en lugar de construir un camino «lo que sea necesario» hacia sus sueños y deseos, eligieron voluntariamente el atajo «sin importar el costo» para alcanzar sus objetivos, por lo tanto omitiendo la caminata en ese camino por completo.

Y así como el Fausto los Partidos Políticos de la Democracia, y en particular la Unión Cívica Radical, se enfrentan a la incertidumbre y la encrucijada de sostener sus valores ideológicos y morales o ser una imagen desdibujada de sí mismos dentro del esquema del poder.

En ese contexto de los partidos políticos, nuestra patria vive la triste realidad de un país sin retorno. Veo con tristeza como se opta por la decadencia en un país con condiciones y destino de potencia. Considero que no es una cuestión de los últimos 12, 20 o 30 años, es un problema que nace en la década infame y que se acentúa durante el primer peronismo cuando se deja de lado el concepto de planificación institucional y estratégica de una nación y comienza el proceso de corromper el espíritu y la cultura de este país, como en el “crossroads”, permutamos la esencia de un pueblo con cultura de trabajo, honestidad y esfuerzo por la ilusión de pertenecer a una elite aristocrática desprovista de virtudes, entregando como “Fausto” nuestra misma esencia a “Abbdon”. Flashes inconclusos de intentar recuperar el rumbo de una Nación lo tuvimos con Illia, antes la oscura noche de la violencia de estado que dominó el lapso de la dictadura de Onganía, el gobierno del peronismos y la última dictadura militar y el último intento de construcción de una nación moderna con Raúl Alfonsín que sienta la bases del desarrollo y la democracia del siglo XXI en la propuesta de Parque Norte. Lamentablemente el horror del terrorismo de estado no alcanzó para que aprendamos y ahora vamos nuevamente hacia ese modelo de terror e intolerancia, que no es propiedad exclusiva del peronismos en todas sus versiones (K, o K, moderdado, etc.) y que también se refleja en otros actores políticos que se declaran democráticos. A pesar del esfuerzo y la convicción de lucha, ese empecinamiento republicano de no ceder nuestra libertad, de dejar todo para revertir lo inexorable, observo que tenemos la raíz podrida y el alma corrompida. Oportunistas de último momento cambian sus posiciones y tratan de acomodarse con las mafias, hacen cola frente los despachos para lamer serviles y no perder privilegios. Nadie está dispuesto al sacrificio que representa tener una nación soberana y libre, prefieren ser esclavos de los forajidos. Un mal que se extiende  a todos los ámbitos, ni siquiera nuestras escuelas y universidades se salva y se comienza a ver la especulación de propios y extraños ante un escenario de ilusiones alimentadas con años.

La apuesta al cambio con un gobierno que, aun no coincidiendo en todo con él, entiendo honesto en su planteo no pudo torcer este rumbo de decadencia, porque no supo interpretar las necesidades básicas de la sociedad. No alcanzo a comprender, y los radicales no supimos o no quisimos hacerle entender, que con la libertad sola no alcanza, que a la lucha contra la corrupción había que acompañarla con políticas sociales que beneficiaran al trabajador, que con el ajuste y el achicamiento del estado no alcanza si no se acompañan de políticas de generación y empleo y compromiso social. Que no alcanza la decisión y la buena voluntad si no tenemos políticas de estado, si no tenemos política.

El radicalismo era quien debía aportar esta mirada, pues en definitiva se constituía en la pata progresista y popular de la alianza electoral que se constituye en segunda mayoría a partir de las elecciones del pasado domingo. Por el contrario, el comportamiento de los dirigentes radicales, lejos de representar la identidad y raíz popular que representan, se acercó más a acomodemos la ropa y salvémonos total permanecemos, ese parece ser el lema que prevaleció hasta estos días y que se ve reflejado no solo en el comportamiento del radicalismo sino también en la prensa y en la justicia. “Así estamos en este tiempo de los argentinos”, como dijera el gran Raúl Alfonsín. En lo personal y más allá de la ironía de un resultado que permite seguir la pelea, creo comprender el sentimiento de angustia en el alma y bronca que representa esta realidad. Bronca porque no pudimos o no supimos consolidar la construcción de una democracia participativa y solidaria, o convencimos a  nuestros compatriotas de la importancia del “sujeto democrático”, de la “”ética de la solidaridad”, de que para progresar hay que trabajar y promover el desarrollo de la “democracia social”.

De no asumir el rol que como partido nos compete, veo un futuro, y espero equivocarme, de más años de desencuentros en nuestra vida política y eso me da bronca e impotencia, porque creímos y hemos peleado el sueño de una nueva nación y al final te sentís solo y derrotado, con un partido político sin norte, sin causa, sin dirigentes capaces de asumir el desafío de interpretar las inquietudes de nuestros conciudadanos y transformarlas en propuestas de cambio. Eso, como a muchos, me da bronca, porque ni siquiera en donde podemos hacer la diferencia logramos demostrar que somos mejores, que podemos romper con las inercias del arreglo y la componenda y en definitiva nos alejamos del pueblo que pretendemos representar y nos volvemos incapaces de restablecer reglas de juego que no se modifiquen según la necesidad de alguno, de proyectar un futuro y lo que resulta más preocupante que ya no nos importe, y aun cuando no lo asumamos, termina ganado la indiferencia, y todo empieza a dar lo mismo.

Dr. Sergio Ovido junto al Dr. Alfonsin.

En los últimos días, muchos se apropiaron de Raúl Alfonsín, algunos de manera oportunista, otros reclamando alguna propiedad de su figura. Lo cierto, y está bien que sea así, es que Alfonsín es de todos y ese es el gran triunfo de él y de la democracia y hasta me animo a decir de nosotros, los radicales. Pero Alfonsín, para los radicales no debe ser solo un figura que se lleva como tótem de glorias pasadas, la mejor forma de reivindicar a Raúl Alfonsín es haciendo Radicalismo y siendo consecuentes con las conductas políticas que caracterizan a Raúl Alfonsín y a los radicales. Porque un par de pillos levante su nombre en vano y se asuman herederos, no vamos a perder la pertenencia Radical de Alfonsín. Hoy todos quieren ser Alfonsinistas, todos fueron sus mejores alumnos, pero el hecho es que ninguno tiene la estatura moral y la calidad política y militante de Raúl.  FORJA en su primera versión se asumía heredera de Irigoyen y bancaron a Perón, esta versión siglo XXI, after muerte de las ideologías que se asume heredera de Alfonsín y reivindica al Socialpopulismo del Siglo XXI tampoco representa el pensamiento alfonsinista que sólo puede encarnar la Unión Cívica Radical, y es que Radicalismo y Alfonsín son una misma cosa, una misma esencia. De los primeros la historia y los Radicales de buena ley demostraron que estaban confundidos, de nosotros y de nuestra esencia radical, depende que la historia demuestre la confusión de estos amigos, de nosotros depende que el Radicalismos sea Radicalismo y que no venga cualquiera a querer apoderarse de Raúl Alfonsín o de la misma UCR.

 

El radicalismo esta frente a una doble encrucijada, enfrente se presenta un supuesto neo progresismo que escribe con tinta socialdemócrata y lleva el social populismo de siglo XXI en su esencia y que le disputa su base popular y una centro derecha liberal que le disputa la clase media y los principios de humanismo y libertad. El lema está en asumirse en un engranaje más del populismo como lo plantean Moreau y sus seguidores, seguir en esta alianza despolitizada y alejada de la propia identidad o construir una nueva alternativa de bases socialdemócrata que sin ser excluyente asuma al radicalismo como centro de la generación política. Hoy lamentablemente, sin el radicalismo como eje, considero que no hay una opción que refleje un pensamiento progresista y socialdemócrata, hay un debate que no se ha dado aún ni dentro, ni fuera de nuestro partido y es que rol asumen los partidos políticos con sus posiciones ideológicas tradicionales en este nuevo mundo, en contextos radicalizados y reaccionarios, con la tremenda información y des-información que provocan las redes. Quizás un buen reflejo de análisis  inicial sería mirar a los partidos socialistas y socialdemócratas europeos, para luego volver la mirada a nuestra sociedad y su idiosincrasia no pensando en futuros escenarios electorales, sino en el futuro y en la tarea de reconstruir la política como herramienta de cambio y con ella a los partidos políticos, entre ellos el nuestro.

El desafío se presenta en no intercambiar los valores morales y el ser espiritual que comprende a la Unión Cívica Radical, reivindicar y tener la exclusividad de Raúl a partir de hacer realidad en todos y cada uno de nosotros al “hombre que se convirtió en idea”, ser artífices del cambio en la política de frentes, desarrollar políticas y darlas a discusión en los sindicatos, las obras sociales, las universidades, los colegios profesionales, las organizaciones barriales. Plantear un rumbo y un discurso claro con las políticas ambientales, de género, de pueblos originarios, de políticas para la juventud, de emprendimiento, de industria, de nuevas formas de participación democrática, retomando el concepto de sujeto democrático sumado a los nuevos conceptos de sujeto electoral.

Salir enteros de esta encrucijada significa der nuevos significados a conceptos como de pueblo y anti pueblo, atrevernos a preguntarnos y a responder que y quienes comprender estas categorías en el siglo XXI, es retomar la hoja de ruta trazada en Parque Norte y replantearla desde la perspectiva de este siglo y con una visión del país que pretendemos construir para los próximos años.

Definir nuestras prioridades ideológicas y partidarias en base a nuestro origen popular y nacional y planificar la acción política y la estrategia que debemos desarrollar a futuro para ser una alternativa viable y para recuperar el norte como partido.-

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