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La ética pública en Raúl Alfonsín, 35 años de democracia.

Por: Julieta Monticone 

El 10 de diciembre de 2018, se cumplen 35 años del primer discurso de asunción presidencial luego de los años oscuros y retorcidos de la última dictadura militar.Asumía el Dr. Raúl Alfonsín, y en su discurso, como en toda la campaña presidencial, hace referencia a la “ética pública”, pero ¿Qué es la ética pública para Raúl Alfonsín?


Julieta Valeria Monticone Bercoff es Licenciada en Ciencia Política y docente adscripta a la cátedra teoría política II, filosofía política.

En el presente artículo, vamos a intentar definir la ética pública tal como al Dr. Alfonsín pretendía. El análisis buscara también identificar y relacionar la ética pública con los últimos 35 años de democracia en Argentina y evaluar sus avances y retrocesos.

Cuando empezamos a leer su discurso de asunción, encontramos conceptos que nos hacen pensar en toda una estructura de pensamiento basada en el humanismo, en la política como herramienta y en el poder como medio, no como fin. Es por ello que, para Alfonsín, el fin no justifica los medios, sino al contrario, si los medios no son el camino de la ética pública y el fin es el bienestar general.  Resulta muy difícil, en tiempos modernos lograr identificar la “democracia guiada por la ética pública” (que pregonaba Alfonsín) y la democracia guiada por los fines, es decir, sin reparar en los medios.

“Ese sentimiento ético, que acompañó a la lucha de millones de argentinos que combatieron por la libertad y la justicia, quiere decir, también, que el fin jamás justifica los medios. Quienes piensan que el fin justifica los medios suponen que un futuro maravilloso borrará las culpas provenientes de las claudicaciones éticas y de los crímenes. La justificación de los medios en función de los fines implica admitir la propia corrupción, pero, sobre todo, implica admitir que se puede dañar a otros seres humanos, que se puede someter al hambre a otros seres humanos, que se puede exterminar a otros seres humanos, con la ilusión de que ese precio terrible permitirá algún día vivir mejor a otras generaciones. Toda esa lógica de los pragmáticos cínicos remite siempre a un porvenir lejano. Pero nuestro compromiso está aquí, y es básicamente un compromiso con nuestros contemporáneos, a quienes no tenemos derecho alguno a sacrificar en función de hipotéticos triunfos que se verán en otros siglos.” (Raúl Alfonsín, 1983)

Por supuesto, la Democracia es un concepto abstracto, vamos a tratar de definir democracia de alguna manera que todos podamos saber de qué estamos hablando; Democracia en sentido amplio: la generación de consensos, en las mismas palabras del Dr Alfonsín:

“Proponerse convencer sólo tiene sentido si estamos dispuestos también a que otros nos puedan convencer a nosotros, si aseguramos la libertad y la tolerancia entre los argentinos. Proclamamos estas ideas no sólo porque nos parecen mejores, sino –y sobre todo– porque sabemos que constituyen el único método para que los argentinos nos pongamos a construir de una vez por todas nuestro futuro. Esto es, simplemente, la democracia.” (Raúl Alfonsín, 1983)

Cuando decimos consensos, hablamos de todos los consensos en la sociedad, desde los núcleos familiares, a los ámbitos laborales, de partidos políticos y por supuesto de políticas públicas. Pero ¿cómo logramos los consensos? Ahí está el verdadero problema. Para lograr consensos, debemos tener partes dispuestas a llegar a un acuerdo, aunque eso implique no lograr el máximo de su bienestar, pero si lograría, el mejor bienestar para las partes implicadas.

Volviendo a la ética pública en Alfonsín, si los medios son los que hacen a los fines, el camino debe ser el del consenso, tal como lo plantea la democracia participativa, donde prime la tolerancia, el respeto, la integración de intereses y objetivos, buscando el máximo bienestar social. Bajo esa premisa, las políticas públicas, deben estar orientadas a la integración, sino difícilmente, la democracia, alimenta, cura y educa.

Esta dicotomía en la actualidad, es un desafío que nunca se planteó, como tal, y por lo tanto nunca fue resuelto: cómo lograr que en un sistema representativo en crisis (donde los representantes no representan al representado) los acuerdos y consensos, que se plasman en leyes por ejemplo, logren satisfacer las necesidades sociales. ¿Cómo se miden las mayorías, cuando los representantes solo se representan a ellos mismos? ¿Cómo se identifican las necesidades de una sociedad con voto pero sin voz? Alfonsín, no tenía la respuesta, pero veía el tema como un problema político que la política debía resolver.

Para Alfonsín, la respuesta a la dicotomía política/sociedad, debe ser resuelta por la misma política, pero ¿Cómo resolvió la política este dilema?

  1. La ética pública, no es la ética o la moral religiosa

Cuando Alfonsín habla de “ética pública”, se refiere a los valores cívicos, que integran al conjunto de la sociedad, las leyes son las reglas de convivencia que hacen al Estado de Derecho, no hay excepciones (o mejor dicho, no debería haber). Entonces, ¿por qué se confunde lo público (todos) con lo individual (la propia fe, moral, o religión)? Hay variadas respuestas, algunas que podemos identificar se relacionan al vínculo de poder tradicional de algunas instituciones religiosas (en Argentina la iglesia Católica Apostólica Romana) aunque los cultos protestantes crecen a medida que avanza la crisis económica. Con el catolicismo, el vínculo es tradicional y económico, se encuentra afianzado en la Constitución Nacional y se ha convertido en el grupo de interés más poderoso en los últimos tiempos. Por supuesto, que entre la tradición y el dinero, la agenda pública se “adecua” a los temas que no molesten a la ética religiosa, por más que impacte negativamente en la ética pública. Claro ejemplo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la modificación de la Ley de Educación Sexual Integral.

  1. La Ética pública no es el clientelismo político

Entendemos que una de las grandes deudas de la democracia es la incapacidad de poder recortar las desigualdades económicas, pero la política ha entendido este punto como la necesidad de generar una falsa ilusión de “reparto o distribución de la riqueza”, entendiendo que riqueza es solo dinero. Esto genera un círculo vicioso, donde los más vulnerables, dependen de la distribución de la riqueza, y esta se realiza de manera parcial, diferenciando los “nuestros” de los demás; generando aún más brecha entre los vulnerables. La ética pública, buscaría la solución permanente, no la provisoria. Programas sociales integrales, con capacitaciones y actividad laboral real, incorporación de los jóvenes al mercado laboral, etc (hay miles de ejemplos). La política no puede resolver como implementar los programas sociales sin caer en la parcialidad (es altamente tentador en épocas electorales)

  1. La Ética Publica no concibe que existan “privilegiados”

Los privilegiados, son aquellos que se encuentran exentos del cumplimiento de la ley, la misma base del Estado de Derecho indica que todos somos iguales ante la ley y que debemos cumplir con nuestras obligaciones y gozar de los derechos y garantías que por el hecho de ser ciudadanos todos tenemos.

Los privilegios alejan al estado de derecho y enfrenta a los ciudadanos con la injusticia, la impunidad y la inmunidad de políticos, empresarios, etc.

A modo de conclusión del presente artículo, vamos a analizar algunos de los hechos políticos que podemos relacionar con la ética publica tal como la concebía Raúl Alfonsín.

En relación a la ética publica diferenciada de la ética moral o religiosa, podemos identificar muchos avances en materia de Derechos Humanos, la ley de matrimonio igualitario, identidad de género, patria potestad compartida, divorcio vincular, etc, permiten que las familias se conformen tal como son. Algunos retrocesos pueden marcarse como el rechazo a la Ley de interrupción voluntaria del embarazo y la discusión sobre la modificación y aplicación efectiva de la ley de educación sexual Integral. Por supuesto que en 35 años la sociedad avanza y cambia, hay aperturas y las nuevas generaciones presionan para que las instituciones del estado, se adecuen y reconozcan los avances sociales.

Como lucha en contra del clientelismo, la ética publica, ha perdido la batalla, la Asignación Universal por Hijo, programa que pretendía incluir a los niños al sistema de salud y de educación pública, por falta de establecimientos educativos y de capacidad del sistema de salud pública, termina siendo solo una erogación clientelar de dinero que no garantiza cubrir las necesidades básicas de lis niños, pero, mantiene el sistema clientelar. Ejemplos similares son los bonos de fin de año no contributivos, utilizados para evitar el malestar, pero es que es pan para hoy y hambre para mañana. En general los planes sociales son concebidos para servir de apoyo temporal durante una crisis o en los periodos de alta tasa de desempleo, pero en la realidad se aplican como paliativos frente a la pobreza y la falta de trabajo genuino. En este punto, es vital para los partidos políticos (sobre todos los que ostentan el poder ejecutivo) tener el control total de los padrones de beneficiarios.

Por último, en relación a los privilegiados, frente a la justicia, hay un retroceso terrible, desde aquel juicio a la Junta Mlitar de 1985, buscando la transparencia y enjuiciando a los responsables de los atroces crímenes cometidos durante la ultima dictadura militar. Hoy vemos como si fuera un desfile de verano, políticos que se pasean por tribunales, denuncias por conflicto de intereses, dadivas, corrupción, etc, etc, pero por ahora, no vemos que busque justicia, sino solo el impacto mediático.

La ética pública, ha perdido terreno frente a la política pragmática y cortoplacista que se ha impuesto en Argentina durante los últimos 35 años.

Destacable es que por mas que hayamos pasado por crisis políticas, económicas, sociales de distintos tipos y en distintas situaciones, las salidas han sido institucionales y democráticas. El retorno a un gobierno no democrático no se concibe como alternativa a la democracia, lo cual le da estabilidad (dentro de la propia inestabilidad) a la democracia.

Sin lugar a dudas, la democracia no es perfecta, pero es el único sistema que permite modificarse para mejorar, por lo que si volvemos a los principios guiados por la ética pública, seguramente se podrían subsanar muchas de las falencias.

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Comentarios

  • El mejor gobierno que tuvimos, en el que impero la honestidad, la decencia, la ética, la moral. Gobierno al que le pusieron pakos en la rurue. Y no renuncio a sus objetivos y principios.

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