Donaciones

Notas

Hace 37 Años, Raúl Alfonsín presidente

Por: Víctor Pablo Karakachoff

El de octubre de 1983, luego de siete años de dictadura militar y sus cómplices civiles, retorna la democracia en Argentina. Las elecciones nacionales del domingo 30 de octubre dan el triunfo al candidato por el radicalismo Raúl Alfonsín.


El radicalismo recoge un 52% de losvotos y el peronismo un 40%, se asegura así el radicalismo la mayoría en el Colegio Electoral. La tercera fuerza política, el partido Intransigente cosecha solo el 3% de los votos. El pueblo argentino recuperaba la democracia luego de los años negros de la dictadura. Alfonsín había centrado su campaña electoral en un llamamiento democrático basado en la defensa los derechos humanos y la promesa de terminar con el hambre y llevar salud y educación para todos los argentinos.

La nueva experiencia democrática que se comenzaba a vivir en el país venía apoyada por miles de personas que luego de la experiencia de la dictadura entendían y también exigían un cambio de vida imprescindible. El gobierno radical no dudó dentro de un gobierno liberal con acciones que podríamos llamar propias de una socialdemocracia, como el presidente le gustaba nombrar a este modelo político, en tomar decisiones que eran fundamentales para afirmar la democracia y reparar daños que la sociedad y la República habían sufrido.

El radicalismo debió luchar en circunstancias muy particulares en su gobierno, se pueden resumir brevemente: hacía medio siglo que ningún gobierno democrático era capaz de llegar al final de su mandato; el sector militar era una fuerza aún importante y conservaba un poder de amenaza significativo como luego se pudo ver más adelante. La deuda externa había alcanzado niveles asfixiantes y los acreedores no diferenciaban entre un gobierno ilegítimo que había endeudado al país y un nuevo gobierno democrático que asumía y no era responsable de los ruines negociados que se habían realizado en la gestión anterior entre los acreedores, en complicidad con grandes empresas que se habían beneficiado con el endeudamiento externo, el cual había sido estatizado por un personaje que con los años tendría una nefasta gestión en el ministerio de economía del gobierno de Carlos Ménem: Domingo Cavallo.

El hiriente y extremadamente sensible tema de los Delitos a los Derechos Humanos, situación que era necesario darle respuesta con urgencia porque la sociedad estaba deseando que sobre esto se hiciera justicia y los asesinos, torturadores y secuestradores de menores terminaran tras les rejas. Por otro lado y era en parte lógico, las demandas populares aparecían desatadas después de años de opresión, y el principal partido opositor, el peronismo, parecía dispuesto a tensar la cuerda de la confrontación política, casi hasta el extremo final.

Los índices económicos eran muy malos, la pobreza y la desocupación que el proceso militar dejaba al nuevo gobierno eran situaciones que se debían tratar de resolver en los primeros pasos que el presidente diera. La pobreza y desnutrición infantil llegaban para ese año a cifras muy preocupantes. Todo esto que era resultado de la herencia recibida debía ser comenzado a darle repuestas. Era un desafío inmenso para este presidente democrático, el cual millones de argentinos depositaban su confianza. Quizás demasiado todo esto para un hombre, un estadista como fue Alfonsín. Lo que tenía al frente suyo era algo monstruoso, ya que debía comenzar la reconstrucción de un nuevo estado democrático, diferente de los anteriores, donde los militares ocuparon un espacio importante en la toma de decisiones de los gobiernos civiles. Esa injerencia en la vida civil argentina por parte de lo que podríamos llamar el partido militar comenzó el 6 de septiembre de 1930 con el golpe de estado contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen y se manifestó en cada golpe de estado que la República sufrió. Por lo que la continuidad democrática de diferentes gobiernos civiles sufrió los embates de este poder militar que deterioró en extremo la vida de los argentinos. A veces cuando se habla de las herencias que reciben los gobiernos que hoy viven en democracia, no se habla de los retrocesos a que se vio sumida la República por los golpes de estado que deterioraron en gran medida la sociedad argentina.

A 37 años de recuperada la democracia no voy a hacer un análisis de los años de Alfonsín, sería largo este tema. Me voy a referir a las medidas fundamentales que se tomaron en los primeros tiempos de este nuevo gobierno porque estas permitieron afirmar los derechos fundamentales necesarios para afianzar la democracia. Estos derechos a veces no son parte de un acuerdo colectivo, pero estos derechos deben asegurarse siempre más allá de lo que diga la ciudadanía, con independencia de que estos acuerdos existan o no. Fueron muchas las iniciativas notables adoptadas por el gobierno de Alfonsín en materia de lo que considero derechos fundamentales que sirvieron para consolidar la naciente democracia: El 13 de diciembre de 1983, apenas iniciado su mandato el presidente firma los decretos 157 y 158, a través de los cuales se ordena el procesamiento de las tres primeras Juntas Militares, y de las cúpulas guerrilleras del ERP y Montoneros. Comienza entonces el histórico Juicio a las Juntas militares del Proceso de Reorganización Nacional. Se crea por medio del Decreto 187/83 la Comisión Nacional sobre Desaparición de las Personas (Conadep). Destinada a recabar información sobre las personas desaparecidas durante la dictadura. En esos días se promulga el Decreto 154/83, para restablecer la plena autonomía universitaria y garantizar la libertad académica. Ante la renuncia de los integrantes de la Corte Suprema de la dictadura, el gobierno designa una nueva Corte Suprema, integrada con juristas de conocido prestigio. A comienzos de 1984 se dicta la Ley 23052, que termina con la censura cinematográfica que había estado vigente durante casi treinta años. Es decir que ya durante el gobierno de Perón antes del proceso, ya veníamos con esa aberración que era la censura cinematográfica. El 23 de octubre de 1984 se dicta la Ley 23114, que convoca al Segundo Congreso Pedagógico Nacional, destinado a elaborar un nuevo “proyecto educativo para el Siglo XXI”. En noviembre de 1984 se firma el Tratado de Paz y amistad con Chile, que pone fin al conflicto por el canal de Beagle, el mismo conflicto que casi nos lleva a una guerra entre países hermanos. Se llama a una consulta popular no vinculante para ratificar el Tratado de Paz, la ciudadanía ratifica el Tratado con un abrumador 81,5% de los votos. Se pone en marcha el Plan Nacional de Alfabetización, que resultaría luego premiado por la UNESCO, y también el Plan Alimentario Nacional, destinado a distribuir cajas de alimentos por los medios municipales para paliar la significativa pobreza en que se encontraban vastos sectores de la sociedad producto de políticas económicas realizadas por los economistas conservadores del proceso militar. El gobierno de Alfonsín crea el Consejo para la consolidación de la Democracia, destinado a planear y discutir reformas institucionales. Luego de este Consejo saldría un proyecto de reforma de la Constitución y un proyecto de ley de radiodifusión. Por medio del Decreto 2274/86 se derogan dos decretos anteriores, uno promovido por el entonces ministro López Rega durante el gobierno de Perón, y otro impulsado por el gobierno militar, que restringían todas las actividades destinadas a controlar la natalidad y la circulación de productos anticonceptivos. El decreto de Alfonsín viene a afirmar los derechos de la pareja a decidir libremente sobre el número y espaciamiento de los hijos, y autoriza a los hospitales a brindar información al respecto.

El 25 de septiembre de 1985 se sanciona la Ley 23234 que restablece la patria potestad compartida, un derecho reclamado por las mujeres durante mucho tiempo. El 8 de junio de 1987 se sanciona la Ley 23515 o Ley del Divorcio. Fue una ley que desató fuertes polémicas y enfrentó al presidente Alfonsín con amplios sectores de una iglesia que venía de hacer vergonzosos silencios durante los años de la dictadura cuando los argentinos eran desaparecidos y asesinados. Esa iglesia fue la que llamaba al gobierno de Alfonsín, “la sinagoga radical”.

El gobierno radical, el nuevo gobierno democrático, firmó numerosos tratados internacionales de derechos humanos, incluyendo el Pacto de San José de Costa Rica, la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. También se firmaron otros pactos internacionales promovidos por las Naciones Unidas. En 1986, el 22 de mayo, el gobierno de Alfonsín rompe relaciones diplomáticas con Sudáfrica, en protesta por las políticas del apartheid implementadas en dicho país. El gobierno con respecto a la Deuda Externa integra el Grupo de Cartagena y propone un mecanismo de acción conjunta con otros países latinoamericanos para tratar este tema. La propuesta Argentina no prospera. Y en este tema posiblemente el gobierno apremiado por una gran cantidad de problemas que requerían soluciones urgentes no pudo o no quiso denunciar ante los acreedores externos la ilegalidad de la misma lo que habría seguramente abierto un frente de tormenta grande que solo podría haberse enfrentado con el apoyo de grandes movilizaciones populares, dispuestas en ese tiempo a defender al gobierno. El contexto internacional no ayudaba demasiado. Y el contexto interno con el neoconservadurismo como decía el presidente no ayudaba en nada y bloqueaba todas las medidas que se tomaban para crear un nuevo modelo de país.

Como se puede ver, el gobierno nacido hace 37 años fue un gobierno progresista en todo

sentido. Creó una nueva legislación para una nueva sociedad democrática. Contra viento y marea profundizó con hechos y medidas una democracia destinada a durar en el tiempo y desterrar el pasado definitivamente. A pesar que el pasado intentó durante gran parte del gobierno del presidente Alfonsín, no dejar definitivamente el poder. Y lamentablemente parte de la oposición no entendió lo que se jugaba en esa nueva Argentina. Esa oposición que renegaba de propuestas nuevas y democráticas fueron sistemáticamente atacadas. Esa misma oposición que fue el peronismo, atacó a Alfonsín sin darle respiro. Luego esa oposición fue parte con el menemismo de una entrega vergonzosa del estado nacional a manos de unos saqueadores que destrozaron el estado e hicieron gigantescos negocios con esas maniobras.

El gobierno de Alfonsín, fue sin dudar lo mejor que tuvo el radicalismo y el último gran momento del radicalismo histórico. Luego de este tiempo de esplendor, el radicalismo nunca mas volvió a tener ese empuje imparable que demostró contra viento y marea en esos años de gloria. Hoy recordamos con mucho orgullo y alegría ese año de 1983, tiempo donde todo parecía que era posible con la democracia. Y recordamos a lo que considero un radicalismo combativo que levantaba las banderas históricas que lo hicieron ser un partido transformador de la historia Argentina. Hoy esas banderas ya no están. El tiempo dirá si vuelven a ser banderas de lucha, es una deuda que se tiene con las decenas de mujeres y hombres que en tiempos convulsos se jugaron la vida por la democracia con la bandera del radicalismo por norte.

Compartir:

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las más leídas