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¡Democracia para siempre!

Por: Javier Bee Sellares*

El radicalismo con Alfonsín rompió la falsa antinomia entre libertad e igualdad, sobre el supuesto, lamentablemente vuelto a poner en debate, que para ampliar derechos de unos habría que avanzar sobre otros ilegítimamente.


Cuando caía la noche del 30 de octubre de 1983, millones de argentinos apostaron por todo lo que se les había negado durante años. La recuperación del sistema democrático significaba para la sociedad el amanecer de un escenario donde se reflejaban expectativas, largamente postergadas. El libre debate de las ideas, las garantías individuales, la convivencia en paz, los problemas sociales derivados de un modelo económico que valorizaba la especulación por sobre la producción y el trabajo, la reinserción internacional después de quienes nos habían llevado a una derrota militar, el juzgamiento de las atrocidades contra los derechos humanos y tantas otras legítimas demandas, caracterizaron ese pronunciamiento.

El respeto por la libertad de expresión, el funcionamiento de una justicia independiente, el reconocimiento a la oposición, el acuerdo con Chile, recrearon el prestigio de la Argentina presidida por el Dr. Raúl Alfonsín.

El juzgamiento de las juntas militares, además de un hecho histórico con reconocimiento mundial, marcó el camino de la lucha por los derechos humanos en nuestro país.

El espacio público receptó entonces a todas las expresiones reprimidas de la cultura y nuevas generaciones nutrieron de representatividad a los partidos políticos, sustento vivo de un sistema que soportó asonadas militares y una resistencia sindical discutible.

Muchos años después, el multitudinario y cálido reconocimiento brindado al despedir al Presidente de la democracia, quedó tendido sobre quienes somos hijos de ese modo de vida civilizado y nos apropiamos del deber y la responsabilidad de plasmar sus objetivos (que son los del conjunto, al que todos debemos aportar desde nuestro lugar de pertenencia y con nuestra impronta ideológica).

El radicalismo con Alfonsín rompió la falsa antinomia entre libertad e igualdad, sobre el supuesto, lamentablemente vuelto a poner en debate, que para ampliar derechos de unos habría que avanzar sobre otros ilegítimamente.

Su prédica sobre el equilibrio de poderes y la vigencia de las instituciones, otorga seguridades sobre los límites del poderoso y abre paso a la igualdad de oportunidades, con normas estables para la iniciativa creativa, para la competencia en búsqueda de la excelencia y para impedir la impunidad de todo signo.

Por eso, ese voto era un castigo a la violencia, a la censura, al atropello de todo orden y un mandato a la mesura, para edificar pacíficamente el futuro. Una vuelta de página sobre un pasado ominoso, de frustraciones personales y de declinación como Nación.

Debemos seguir honrando ese legado político, vigente y valorado en este tiempo y trabajar por la Unidad Nacional, Justicia Social y un Federalismo que equilibre las asimetrías y brinde posibilidades equitativas.

Alfonsín encarnó la democracia en la Argentina. Para él, la democracia no era solamente un sistema de gobierno sino también una ética y un modo de vida.

Una ola de alivio y liberación se expandió por el país. Empezó un reverdecer cultural, social, político. Jorge Luis Borges, al referirse al 30 de octubre de 1983, decía que era “una gran fecha histórica que nos da el derecho, el deber y la esperanza”. En un nuevo aniversario de aquel histórico 30 de octubre, debemos honrar nuestra democracia; debemos respetar las ideas ajenas y tomar conciencia de los beneficios de la gesta desandada desde entonces. Debemos meditar sobre nuestro presente y futuro, sin perder de vista nuestro pasado. Los mojones sobre los que debemos asentarnos tienen que ver con la tolerancia, el cumplimiento de las leyes, la convivencia en un disenso clarificador.

Solo así tomaremos la posta de Alfonsín y todos los que trabajaron para que la democracia sea realidad en la Argentina. El ex Presidente durante toda su vida llamó al diálogo, a la reflexión, al consenso, a la necesidad imprescindible de trabajar juntos para lograr la Argentina que nos merecemos. Feliz cumpleaños. ¡Democracia por siempre!

(*) Dirigente del Radicalismo de Cordoba

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