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El Renacer de la Democracia en 1983

Por: Alfredo Sapp

A punto de cumplirse diez años de su paso a la inmortalidad, reivindicamos la figura del Presidente Raúl Alfonsín como referente emblemático de la recuperación democrática moderna, de la que, sin riesgo de transitar los caminos de la soberbia, podemos afirmar que es y será su Padre.


La Tiniebla

El 24 de marzo de 1976 la junta militar, liderada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Ramón Agosti, asumió el poder y bautizó al régimen como Proceso de Reorganización Nacional. Este proceso fue uno de las etapas más oscuras de la historia Argentina.

“La Mayor Tragedia sufrida por el Pueblo Argentino y también la más dolorosa”, citaba el prólogo del Libro “Nunca Más” el informe de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas y es sin dudas la mejor y más apropiada definición encontrada respecto de la Dictadura Militar que se entronó en el poder nacional aquel 24 de Marzo de 1976.
Los militares golpistas responsables de la asonada no lo hacían para preservar al país del peligro de la guerrilla que a esa altura había sido derrotada militarmente en los montes tucumanos y, en su último estertor, la base militar de Monte Chingolo en el conurbano bonaerense; aquellos militares asaltaron el poder para imponer un nuevo modelo de país alineado a la división internacional del trabajo que asignaba a países periféricos como el nuestro el rol de exportador de materias primas y petróleo e importador neto del resto de las mercancías necesarias para su subsistencia.
La Dictadura vino a restaurar la República Conservadora de principios del Siglo XX provocando los cambios económicos, sociales y culturales necesarios para la reestructuración monopólica de la economía en beneficio de los grupos más concentrados del poder económico de entonces, nacional y transnacional, lo cual en contrapartida actuaba en desmedro de los intereses del pueblo y de los trabajadores.
Semejante plan solo pudo instaurarse mediante un inusitado grado de violencia estatal que utilizó para el cumplimiento de sus objetivos.
Desde sus inicios puso en práctica un Plan Deliberado y Sistemático de Desaparición Forzada de Personas con la clara finalidad de desarticular los movimientos populares y sus organizaciones que obviamente resistirían perder sus conquistas sociales fruto de la lucha de todo un siglo.
La dictadura no respetó a nadie, así desaparecieron dirigentes políticos, sociales, gremiales, estudiantiles casi todos jóvenes, casi todos secuestrados en la calle a plena luz del día cuando iban a sus trabajos, a estudiar o cuando ejercían la militancia en sus distintos ámbitos de actuación, ni siquiera respetó a religiosos y niños, apropiados como un vil botín de guerra de sus madres cautivas en los campos de la muerte y que hoy adultos aún seguimos buscando.
Obviamente nada bueno surgió de aquella asonada, por el contrario los múltiples y graves problemas que en aquel entonces aquejaban a nuestro país se agravaron aún más hasta extremos insondables convirtiéndose en irreversibles en algunos casos.
Su saldo es trágico, a la ya mencionada política de terrorismo de estado con su secuela de muerte y destrucción se le agrega un verdadero genocidio económico que destruyó y desmanteló el aparato productivo y especialmente la industria nacional que sucumbió ante la especulación financiera creciente alentada por las políticas del Ministro José Martínez de Hoz.
Todo ello provocó la profundización de la pobreza, el desempleo, la marginación y la exclusión social, como ya dijéramos, en algunos casos irreversibles y que hoy a más de treinta años de la restauración democrática, es imposible revertir.
La dictadura estuvo a punto de llevarnos a una guerra fratricida con la hermana República de Chile para finalmente conseguirlo, llevarnos a una guerra con el Reino Unido y la OTAN con consecuencias tan trágicas y solo comparables a la de los desaparecidos.
Por ello por siempre quedarán gravadas las palabras que en el final de su alegato pronunciara el Fiscal Julio César Strassera: “…renunció a cualquier pretensión de originalidad, Sres. NUNCA MAS…”.

El Renacer

Las elecciones celebradas en octubre de 1983 en Argentina ponían punto y final al Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), una de las dictaduras más sangrientas de la historia del país. La victoria de Raúl Alfosín dio inicio al proceso de transición democrática en Argentina.

La histórica elección celebrada el 30 de octubre de 1983, amén de la ansiada recuperación democrática, implicó la confrontación de dos proyectos políticos con marcadas diferencias, al punto que el triunfo de uno u otro en modo alguno hubiera significado insubstancial para el futuro político de nuestro país y la región.
El gobierno de Isabel Martínez constituyó una de las experiencias políticas más traumáticas por las que atravesó nuestro país; fruto de la sangrienta confrontación interna entre izquierda y derecha peronista emergió esta última facción como la vencedora la cual sobrevivió al proceso militar sin mayores sobresaltos, la otra tendencia fue exterminada por la dictadura que profundizó la represión clandestina iniciada por los grupos paramilitares, la triple A o el vernáculo comando libertadores de América en nuestra ciudad.
Este grupo predominante condujo la estructura política del justicialismo en las elecciones de 1983; el conglomerado se encontraba integrado básicamente por la ortodoxia sindical, co-responsable de la represión de los sectores dinámicos del sindicalismo honesto, aquel que contaba con una organización más democrática y comprometida con las reivindicaciones obreras, la que mantenía a la vez estrechos lazos con los sectores mas concentrados del poder económico y aceitadas relaciones con la embajada estadounidense; la que impulsó la candidatura presidencial del autor del decreto que ordenó “aniquilar el accionar de la subversión”, refrendado por los ministros Cafiero y Ruckauf entre otros, el ala política que, contrariamente a los históricos designios de Perón, encabezaba solo en apariencia un proyecto que en el resto de su estructura se encontraba bajo el dominio de aquel decadente sector.
La abierta simpatía de la embajada norteamericana con este proyecto se evidenciaba en la reticencia del candidato Luder en aclarar la política a implementar en materia de derechos humanos y menos aún respecto del enjuiciamiento a los militares genocidas.
Las presunciones hacían conjeturar que la impunidad sería el camino elegido para el tratamiento de las violaciones masivas a los derechos humanos, en un contexto tendiente a imponer modelos de “democracias viables” impulsadas para el sub-continente latinoamericano por los halcones de la política exterior norteamericana.
En realidad intentaban establecer esquemas de democracias restringidas, aquellas que aseguraran la formalidad de las instituciones liberales pero despojadas de cualquier intento democrático en cuestionar la injusticia que subyace en la base de la estructura socio-económica argentina que históricamente margina y excluye a las grandes mayorías populares.
Instalado el Gobierno de Raúl Alfonsín vislumbró un proyecto diametralmente opuesto; el componente social-demócrata que inspiraba el pensamiento del Presidente Radical alentó las políticas reparatorias en materia de derechos humanos con el enjuiciamiento a las juntas militares de la dictadura, y fundamentalmente el compromiso con políticas continentales; el “Consenso de Cartagena” cuestionó con dignidad la Deuda Externa de los países latinoamericanos, denunciándola como formidable instrumento de dominación y estrangulamiento económico; la activa participación argentina en el “Grupo de Apoyo a Contadora” tendiente a buscar caminos de paz y democratización en Centro-América impidiendo los embates de grupos paramilitares financiados por el Departamento de Estado; el protagonismo del Presidente argentino en el denominado “Grupo de los Seis”, iniciativa que buscaba la paz y el desarme universal en contraposición con el demencial proyecto de “Guerra de las Galaxias” del Presidente Reagan, ariete del complejo militar-industrial que inexorablemente arrastraba a la humanidad a una conflagración con riesgo de su definitiva extinción.
Aunque en las postrimerías de su Gobierno, el asedio permanente de sectores corporativos, muchos de ellos antidemocráticos y también es justo reconocer sus propias contradicciones, hicieron naufragar los ambiciosos planes iniciales de su gestión; sin dudas que su trayectoria política, conducta republicana y comportamiento ético agiganta la figura de Raúl Alfonsín hasta extremos insondables, al punto de convertirlo en el único Estadista entre los Presidentes de la Recuperación Democrática con una cosmovisión estratégica de avanzada para el país y la región que no resiste comparación.
A punto de cumplirse diez años de su paso a la inmortalidad, reivindicamos la figura del Presidente Raúl Alfonsín como referente emblemático de la recuperación democrática moderna, de la que, sin riesgo de transitar los caminos de la soberbia, podemos afirmar que es y será su Padre.

El Hacedor

Eduardo Angeloz y Ramon Bautista Mestre ganan las elecciones en 1983 como gobernador e Intendente respectivamente.

La restauración democrática en la ciudad de Córdoba, indudablemente reconoce un hito en su primer Intendente: Ramón Bautista Mestre.
Seguramente dentro de cien años cuando se escriba la historia del siglo XX, habrá un antes y un después del “Gordo” Mestre.
El mejor Intendente que tuvo nuestra ciudad, por lo menos de la Córdoba moderna.
Un administrador nato, un hombre de sagaz lectura política, a pesar del seño fruncido y sus modos adustos, simples características de su personalidad que resaltaban su seriedad y responsabilidad en la gestión pública.
Austero como pocos y de gran coraje y determinación en sus decisiones; no tembló su mano cuando de un plumazo eliminó el oneroso servicio de higiene urbana heredado de la dictadura.
Hombre de pensamiento progresista por su formación en la política universitaria donde destacó de muy joven hasta presidir la Federación Universitaria de Córdoba.
Esa formación marcó decididamente su perfil frente a las violaciones de derechos humanos de la dictadura, su contribución al castigo a los genocidas y su compromiso con las políticas reparatorias.
El descubrimiento de las fosas clandestinas en el cementerio San Vicente, su investigación y preservación contribuyeron hasta la actualidad al juicio y castigo de los responsables de las violaciones masivas a los derechos humanos cometidos en el área del Tercer Cuerpo de Ejército, en su mayoría por su tenebroso jefe.
Un sencillísimo secreto guardaba el Intendente Mestre para convertirse en un gran gestor público; era un empedernido estudioso de todos los temas, todo lo contrario de un político de la actualidad más preocupado por el marketing y las apariencias.
Mestre era capaz de discutir de igual a igual con un abogado constitucionalista respecto de la Constitución Nacional, con un médico en cuestiones relacionadas a política sanitaria y con un ingeniero sobre detalles técnicos de cualquier obra pública.
Así de simple, la experiencia “Mestre” es un caso único, carece de parangón en la historia de la administración pública en sus tres niveles, tampoco obedece a cuestiones casuales o circunstanciales y la Pcia. de Corrientes es una prueba fehaciente que acredita lo expuesto.
La innumerable cantidad de obras, realizaciones y servicios, muchas de ellas emblemáticas como las Escuelas Municipales o la Av. Costanera, que dejó a los cordobeses es interminable y son una pieza viviente de su legado más valioso.
Su partida dejó un vacío difícil de cubrir a la vez que precipitó la peor crisis en el radicalismo cordobés, de la cual pudo recuperarse enarbolando su conducta y su ejemplo.

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Comentarios

  • Comparto el análisis de Alfredo a quién es un placer leer.
    Buena pluma combinada con una clara visión histórica de los sucesos.
    No queda más que felicitarlo y agradecer este cesudo aporte a la interpretación y comprensión de esa etapa tan difícil para los argentinos, pero tan fundamental para la reconquista de la Democracia. Mis respetos Alfredo, y felicitsciones a la Escuela y todos sus integrantes.

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