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A propósito de una Construcción Política Progresista:

Por: Sergio Oviedo

Del Populismo a la Diversidad Democrática.

El personalismo  y las prácticas autoritarias representan la antítesis del ideario republicano de nuestro partido enarbola históricamente, el perder este norte, lejos de mantenernos como los herederos de Mariano Moreno y de los hombres que soñaron una república libre y democrática nos convertimos en lo más GRANADO del régimen que supuestamente combatimos, sin Democracia, amplia, representativa y pluralista, no hay RADICALISMO.


La Unión Cívica Radical, como partido político, que mantiene desde hace un siglo una clara identidad nacional, progresista basada en la ética de la solidaridad y en la justicia social, debe asumir y comprender que la construcción de la nación y de las políticas de estado que garanticen el progreso y el desarrollo de los ciudadanos se debe realizar sobre bases que rompen el concepto de tiempo y constancia y que para ello se debe trabajar, sin perder la identidad partidaria e ideológica, mancomunadamente y en algunas ocasiones en sociedad con fuerzas y pensamientos ideológicos que pudieran estar en principio opuestos a los sostenidos históricamente por el partido.

La sociedad tiene una pluralidad y una diversidad de pensamientos que no puede ser contenida bajo un único paraguas ideológico, ni bajo el paradigma político de un único y solo partido político, quien pretenda gobernar democráticamente debe comprender esto, de lo contrario la organización política termina convirtiéndose en una estructura antidemocrática alejada de la ciudadanía y de los postulados progresistas que provienen precisamente de esta última, en definitiva se convierte en un régimen autoritario dominado por el discurso único y la visón sectaria y parcial de los hechos de la historia y de la política. De esto quienes hemos asumido la enseñanza y el legado de Raúl Alfonsín sabemos bastante, y como pruebas de lo que sostenemos se encuentran los registros de los actos políticos y de gobierno del presidente Alfonsín. No creo que exista alguien con una visión más correcta de como construir una nación desde la diversidad y mantener firmes las convicciones ideológicas. La pregunta a responder es, ¿que está primero: el partido o la Nación?, los Radicales históricamente han entendido que siempre está primero la Nación, y han obrado en consecuencia, en su momento con la acción revolucionaria directa frente al régimen de fines del Siglo XIX, posteriormente mediante el abstencionismo revolucionario de principios del Siglo XX, luego, una vez establecida la Institucionalidad Democrática y las elecciones libres y abiertas, gobernando la Nación y posteriormente oponiéndose al régimen de la década infame y lo que se denominó el “fraude patriótico”, siendo la vos opositora democrática en los primeros peronismos o asumiendo la responsabilidad de conducir nuevamente la Nación. En los últimos años se observó el retorno a prácticas políticas reñidas con la democracia y la institucionalidad política, en una especie de deja-vu de los años setenta asistimos a gobiernos conservadores y autoritarios que asocian un discurso de izquierda revolucionaria con  el más tradicional y puro de los populismos. El Cambio que represento la última vuelta electoral se  expresa fundamentalmente en un retorno a la institucionalidad democrática, pero también peligrosamente en un retorno a prácticas neoliberales reñidas con nuestra tradición popular y progresista. En esta etapa la Unión Cívica Radical debe ser la herramienta de construcción de un nuevo espacio de diversidad política y cultural en donde converjan posiciones diversas, divergentes y diferentes y se confluyan en un consenso de propuestas y políticas que den lugar a la recuperación de institucionalidad republicana perdida en la década dominada por el populismo (2008-2015) y a la construcción de un estado moderno y plural sin que por esto se desentiendan los idearios de la justicia social y las garantía que representan la democracia social.

Porque se reivindica la política desde los valores y los principios que dieron origen al radicalismo, la construcción o mejor la reconstrucción del orden republicano y democrático, representan para el partido radical un salto cualitativo que involucra nuevas ideas impregnadas de honestidad, ética y lealtad.  Son dirigentes Radicales y son hombres del pueblo con equipos preparados para asumir el Gobierno con éxito. Por que han expuesto sus convicciones con toda firmeza sin agredir  ni descalificar a quienes piensan diferentes.
Por que creemos en la discusión democrática y el consenso, en la diversidad y el respeto a las minorías, por que queremos UNIR sin UNIFORMAR, por que vamos a DISENTIR sin DIVIDIR.

El escenario que se presenta en la actualidad para los partidos políticos tradicionales, en particular la  UCR, está enmarcado en un contexto de descredito y de pérdidas de identidades políticas e ideológicas en donde todo parece igual y de esta manera se despilfarra la confianza que los ciudadanos. Esto nos lleva a reflexionar de cuan alejados podemos estar del RADICALISMO Y SUS PRINCIPIOS. Para recuperar esa confianza perdida, no sólo que no podemos hacer alarde del pragmatismo político del Justicialismo, si no que como partido democrático y plural debemos recuperar las herramientas del dialogo y la disolución política de ideas y programas a partir de una visión moderna y actualizada de nuestros principios. El personalismo  y las prácticas autoritarias representan la antítesis del ideario republicano de nuestro partido enarbola históricamente, el perder este norte, lejos de mantenernos como los herederos de Mariano Moreno y de los hombres que soñaron una república libre y democrática nos convertimos en lo más GRANADO del régimen que supuestamente combatimos, sin Democracia, amplia, representativa y pluralista, no hay RADICALISMO.

Hannah Arendt señala que la política se basa en un hecho: la pluralidad de los hombres. La política trata del estar juntos y de la reciprocidad entre seres diferentes. La política es resultado de la aceptación de la existencia simultánea de grupos diferentes y, por lo tanto, de intereses y tradiciones divergentes dentro de un conjunto sujeto a un gobierno común. Implica, por tanto, cierto nivel de tolerancia y el reconocimiento de que el gobierno se ejerce en mejores condiciones cuando los distintos intereses se debaten en un foro abierto. Párrafos arriba se plantea la discrepancia en entre este concepto y el individualismo que propone la tendencia liberal vigente en la realidad. En este contexto Chantal Mouffe, considera que la democracia se ve amenazada no sólo cuando hay un déficit de consenso sobre sus instituciones y valores, sino también cuando su dinámica agonística, su naturaleza conflictiva, se ve obstaculizada por un consenso aparentemente sin resquicios, tal como lo pretende imponer la tendencia liberal en boga y que muy fácilmente puede transformarse en su contrario. La desaparición de una línea divisoria clara entre las identificaciones políticas tradicionales y la desaparición de la bipolaridad  han dejado un vacío que rápidamente fue ocupado la extrema derecha y su propuesta neoliberal. Esto permitió la articulación de nuevas identidades colectivas a través de un discurso de contenido discriminador y xenófobo  y recrear la frontera política desaparecida mediante la creación de un nuevo enemigo. El neoliberalismo se presenta a sí mismo como sostenedor de la democracia, en una extraña acepción, sinónimo de antiterrorismo.
La desaparición de líneas divisorias  hace difícil la creación de identidades políticas claras y alimenta el desencanto de la sociedad para con la política y los partidos tradicionales. Se produce la aparición de condiciones favorables para  movimientos populistas, autoritarios y antidemocráticos. Cuando el conflicto propio del sistema democrático y su diversidad pluralista no se puede desplegar debido a que las identidades con las que nos podemos identificar se encuentran difusas y confundidas entre sí, existe el riesgo de que se multipliquen las confrontaciones sobre identidades fundamentalistas y valores innegociables. Paradójicamente esto plantea una idea de la democracia que hace inevitable al conflicto.
El tipo de democracia establecido en los últimos siglos, fundamentalmente en Occidente, es el resultado de la articulación de la tradición liberal, caracterizada por el énfasis en los derechos y libertades individuales, y, por otro, la tradición democrática, basada en la idea de igualdad, identidad entre gobernantes y gobernados y soberanía popular. En si mismas estas tradiciones encierran dos lógicas diferentes que en un punto terminan siendo irreconciliables. No hay forma de conciliar libertad y soberanía popular sin establecer límites a una y a otra. La democracia liberal establece un marco de respeto a los derechos humanos que implica una serie de límites al ejercicio de la soberanía popular. La aceptación del pluralismo, basado en una transformación del ordenamiento simbólico de las relaciones sociales marca la diferencia entre la democracia clásica y las democracias modernas; siendo el pluralismo y el conflicto específicos de la democracia moderna. En este punto es donde se hace visible la diferencia entre «la política» y «lo político», considerando que la verdadera naturaleza de lo político es el conflicto, el poder, el antagonismo inherente a todas las relaciones humanas; un antagonismo con formas diversas e imposible de erradicar. En este contexto la política representa al conjunto de prácticas e instituciones orientadas a establecer un cierto orden que permita la coexistencia humana en, a decir de Chantal Mouffe, «condiciones que son siempre potencialmente conflictivas porque se ven afectadas por la dimensión de lo político».
Conflicto, poder y antagonismo son consecuencia del carácter pluralista de la sociedad moderna, en la que ya no existe una idea sustantiva común de la vida buena. Aún más, este pluralismo de valores propio de la modernidad no es algo que haya simplemente que aceptar y tratar de mitigar o reducir a través de la política, sino que es un principio constitutivo de la democracia moderna y, como tal, debe ser considerado como «principio axiológico». Frente a la pretensión ilustrada, racional y liberal de homogeneidad y unanimidad, la democracia reclama la valoración de la diferencia como una forma de convivencia en la pluralidad.

Esto me lleva a decir que la democracia es la voluntad de los hombres, el pueblo, de forjar un destino propio, es la casa común, el hábitat y las normas que permiten el desarrollo de nuestras vidas de manera plena como individuos, como sociedad y como pueblo que aspira a ser una nación. Es la fuerza de transformación que se mejora a si misma y donde hoy hay que otorgarle contenido real a la igualdad de oportunidades  asegurando el bienestar común y expandiendo nuestras libertades.

Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales, en un concepto de convivencia solidaria respetando las diferencias y la diversidad; la democracia ha garantizado la libertad pero le falta aún garantizar la igualdad.
Hoy hay una democracia real y tangible pero a la vez incompleta y, en consecuencia insatisfactoria, en algunos casos (desde un punto de vista particular en la mayoría, incluso aquellos que cumplen con la mayor parte de los puntos de Dahl) no ha cumplido con algunos principios fundamentales, no ha construido un piso sólido que contenga a los desamparados y excluidos (les garantiza libertades) y no ha podido construir puentes que atraviese la fractura social provocada por la aplicación de los modelos más extremistas de la economía liberal.

Raúl Alfonsín en su discurso de Parque Norte (1985) platea que “El pluralismo es la base sobre la que se erige la democracia y significa reconocimiento del otro, capacidad para aceptar las diversidades y discrepancias como condición para la existencia de una sociedad libre”. El presidente, tomaba como referente a John Rawls para quien la democracia es libertad más búsqueda de igualdad y se refiere a dos puntos fundamentales: cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás. Y las desigualdades sociales y económicas habrán de ser conformadas de tal modo que logren proporcionar la mayor expectativa de beneficio a los menos aventajados, y a garantizar la igualdad de oportunidades para  acceder a cargos y posiciones asequibles bajo condiciones justas.

Es necesario, por lo tanto, generar un consenso que permita la concreción de un compromiso político del conjunto de las fuerzas políticas, económicas y sociales  para: La afirmación del estado de derecho, la disposición de las condiciones sociales que fijen pautas más solidarias y humanistas de distribución y acumulación, la construcción de sociedades respetuosas de las libertades individuales basadas en el respeto de la pluralidad y la igualdad.

Reconozco que exigir esto  a la democracia actual es una utopía, sobre todo porque en los últimos periodos hemos venido olvidando a la democracia, y necesitamos perentoriamente de la democracia, para darle una esperanza a la sociedad humana de que nuestro futuro será mejor a partir de nosotros mismos.

«Siempre creí que es la misión de los dirigentes y los líderes plantear ideas y proyectos evitando el autoreferencialismo» (…) Sigan ideas, no sigan a hombres; ese fue, es, y siempre será mi mensaje a los jóvenes (…) Tenemos libertad, pero nos falta la igualdad, tenemos una democracia real tangible, pero incompleta e insatisfactoria. No ha cumplido aún con algunos de sus principios fundamentales, no ha construido aún un piso que incluya a los desamparados y disminuidos». (Raúl Alfonsin)

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