Donaciones

Notas

A 35 años hay mucho por hacer

Por: Alejandro Parna

No es un secreto que los argentinos tenemos mala memoria. Desde el derrocamiento de Yrigoyen hasta 1983 hemos sido gobernados por distintos regímenes antidemocráticos, antirrepublicanos, autoritarios y represivos que, invariablemente, han profundizado los problemas de la Argentina. Los gobiernos de facto nunca han traído progreso a nuestro país.


Aún así, durante ese medio siglo de marchas y retrocesos, en cada uno de los interregnos democráticos, a menudo breves y parciales por las proscripciones vigentes, los obstinados argentinos volvíamos a apoyar, e incluso a exigir más o menos abiertamente, la destitución de gobiernos elegidos mediante el sufragio popular.

En el ‘55, tras deponer a Perón, la autodenominada Revolución Libertadora fue muy eficaz a la hora de encarcelar dirigentes políticos, fusilar civiles, controlar la prensa e intervenir sindicatos, pero cuando la situación económica comenzó a decaer, el gobierno de Aramburu decidió restablecer la democracia no porque quisiera honrar la Constitución Nacional, sino asediado por el default y la inflación. La “revolución” había fracasado.

De la mano de la UCRI llegó Frondizi, quien comenzó su gestión con una amnistía general y la derogación del decreto que prohibía el peronismo (aunque el propio Perón siguió proscripto) e implementando un plan económico desarrollista que en pocos años multiplicó las inversiones extranjeras, la producción industrial y el empleo.

No obstante, ante la aparición de las cíclicas dificultades de la economía argentina, los militares y los sectores conservadores agazapados aprovecharon el descontento popular para irrumpir nuevamente en la escena política y en marzo de 1962 terminó la experiencia frondicista.

Un civil, José Maria Guido, entonces titular del Senado, asumió nominalmente la Presidencia de la Nación, pero las riendas del gobierno, en pocos meses, terminaron en manos de los militares que habían encabezado el golpe.  Vino la devaluación, el ajuste, la profundización de la crisis económica, política y social y un cruento enfrentamiento entre facciones del Ejército que derivó en la convocatoria a elecciones que en 1963 consagraron a Arturo Umberto Illia, de la UCRP, como Presidente de la Nación.

Tuvieron que pasar décadas para que los argentinos valoráramos a este político cordobés, médico de profesión, como uno de los grandes próceres de la historia contemporánea, baluarte de la más estricta ética y honorabilidad, eficiente administrador, responsable de uno de los prepuestos educativos más altos de la historia e impulsor de legislación de fuerte contenido social como la ley de salario mínimo, vital y móvil o la ley de medicamentos, entre tantos otros hitos de un mandato corto pero intenso, caracterizado también por una contundente recuperación económica.

El golpe que terminó con el gobierno de “La Tortuga”, tal como, falaz e incomprensiblemente, lo caracterizaban sus enemigos, contó con un amplísimo consenso no solo de las filas castrenses y de las clases privilegiadas, sino del empresariado grande, mediano y pequeño; de gran parte de los partidos políticos y de la sociedad en su conjunto, que clamó por el retorno de los militares ante los primeros atisbos de crisis.

Sobrevino Onganía, nuevamente ajuste, devaluación y reducción de los salarios; la Noche de los Bastones Largos; el Cordobazo; ERP y Montoneros; el interregno de Perón, Evita y “El Brujo”, hasta que finalmente llegó el ‘76 y los niveles de violencia, crueldad y locura superaron cualquier experiencia anterior.

Tuvimos que alcanzar el extremo del horror para incorporar el “Nunca Más” al inconsciente colectivo, algo que de todos modos, y a pesar de las lecciones de la historia, probablemente no hubiese ocurrido de no ser por la incesante prédica de Raúl Alfonsín, quien, bajo distintas formulas retóricas, no se cansó de repetirnos que con la “democracia se come, se cura y se educa”.

Nos costó entender y si bien hoy en día es inimaginable, ni en la peor de nuestras pesadillas, el retorno de los militares al poder, en más de una oportunidad a lo largo de los últimos 35 años de democracia, importantes sectores de la sociedad han reclamado la interrupción de mandatos constitucionales a la expectativa de un líder mesiánico o una solución mágica que resuelva nuestros problemas. El propio Alfonsín, “el Padre de la Democracia”, sufrió y pagó, como todos los argentinos, las consecuencias de los embates de quienes no habían terminado de comprender su mensaje.

Ni hablar de los resquicios de autoritarismo que con empecinado vigor persisten en algunas provincias del norte caudillesco y feudal, con regímenes como los de Santiago del Estero, mi provincia -la más pobre y postergada del país- gobernada con puño de hierro por un pragmático continuador del juarismo que, a lo largo de cuatro mandatos, se las ha ingeniado para gozar de un dominio absoluto de todos los resortes institucionales de la sociedad santiagueña, cooptando o colonizando los Poderes Legislativo y Judicial, los medios de comunicación, los sindicatos, la Iglesia, las universidades, las asociaciones profesionales, los clubes y hasta las ONG.

En Santiago, Gerardo Zamora no conquistó el poder mediante el uso de la fuerza, por el contrario, alcanzó el gobierno, allá, por el 2005, con un triunfo en elecciones relativamente ajustadas, hasta lograr, a lo largo de los años, altísimos porcentajes de votos que aún hoy se mantienen en torno al 70%.

Y claro, los enemigos de la democracia, por estos lares, son otros: la demagogia, el clientelismo, la extrema dependencia del Estado y, en definitiva, la perpetuación de la pobreza como perverso mecanismo de conservación del poder.

En nuestro país hay signos de maduración, sin ninguna duda, y por eso que la actual administración nacional se encamina a convertirse en el primer gobierno no peronista en completar su mandato en ocho décadas. Sin embargo, 35 años después del retorno de la democracia, queda mucho por hacer. Y aprender.

 

Compartir:

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las más leídas