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A 35 años, Córdoba aún late con el corazón de la democracia

Por: Soledad Carrizo

A 35 años del retorno de la Democracia, repensar el verdadero significado de la misma, resulta para todos nosotros un ejercicio de vitalidad tanto partidaria como cívica, permitiéndonos evaluar las acciones que diariamente llevamos adelante como ciudadanos.


Hacia Octubre de 1983 Argentina atravesaba un hecho de enorme trascendencia para su ciudadanía… culminaban siete años de la más feroz y despiadada dictadura militar de la historia argentina.

Un período caracterizado por continuas violaciones a los derechos humanos, la funesta guerra de Malvinas, el fracaso económico y la desintegración social de tantos años de enfrentamiento entre argentinos, un cóctel que terminó por erosionar de manera definitiva el poder de quienes desde 1976 monopolizaban (sin legitimidad alguna) la dirección de nuestro país.

Desde entonces, el reclamo por el retorno a la democracia se hacía más intenso, como resultado de un trabajo conjunto del pueblo argentino reclamando sus derechos y de las fuerzas políticas que se presentaron a elecciones, donde una gran cantidad de la población dividía sus simpatías entre peronistas y radicales. Finalmente una inmensa mayoría eligió como nuevo Presidente de los argentinos al candidato de la Unión Cívica Radical (en adelante UCR): Raúl Ricardo Alfonsín.

Córdoba no fue ajena a esta nueva etapa que marca un quiebre en la historia argentina, donde el consenso se construía bajo una idea central: “Democracia versus Dictadura”. Como resultado de los comicios, fue electo gobernador de la provincia por la UCR, Eduardo César Angeloz. Ante las tragedias vividas por la ciudadanía se apostaba a un futuro fundado en la democracia recuperada mediante la elección de un nuevo gobierno que no era de un solo partido sino de todo un pueblo soberano.

La democracia en Argentina, y en Córdoba particularmente, durante los primeros años se presentaba como un modelo en construcción, donde los fantasmas del pasado acechaban constantemente. En sus primeros años, el proceso de consolidación de la democracia fue dificultoso pero logró mantenerse en pie al incluir como principal herramienta la justicia, lo que permitió afianzar los ideales de paz y libertad que habían sido anteriormente relegados.

Esta convicción de verdad y justicia resultante del apoyo popular a un gobierno elegido democráticamente, y convencidos de que la democracia sólo sería duradera si se proyectaba sobre estas bases, fue lo que permitió hacer frente a los distintos levantamientos militares, que tuvieron como detonante la posibilidad de juicio y castigo luego de encontrar claras evidencias y testimonios de los hechos aberrantes realizados durante el período dictatorial.

Así fue que con la creación de la CONADEP (comisión encargada de investigar las violaciones a los derechos humanos) se elaboró el informe “Nunca Más”, lo que permitió juzgar a los responsables de la última dictadura militar. Este acontecimiento reafirmó el orden democrático en nuestro país para siempre, arraigando en el pueblo el “Nunca Más” como expresión del repudio generalizado a estos intentos de desestabilización e impunidad.

Hasta la fecha atravesamos avances y retrocesos, ampliación y conquista de nuevos derechos, todo teniendo en cuenta períodos de grandes crisis económicas y sociales, donde a pesar de todo las instituciones democráticas siempre se mantuvieron firmes. Claramente la democracia, con sus defectos y virtudes, fue y es sostenida por la ciudadanía argentina como un proyecto a largo plazo, más en un momento protagonista de grandes cambios para nuestra sociedad.

Comprender para no cometer los mismos errores

 

A 35 años del retorno de la Democracia, repensar el verdadero significado de la misma, resulta para todos nosotros un ejercicio de vitalidad tanto partidaria como cívica, permitiéndonos evaluar las acciones que diariamente llevamos adelante como ciudadanos.

Aquellos años dejaron marcas para siempre en los cordobeses, como consecuencia de las duras lecciones aprendidas, sobre todo que la democracia es de todos, para todos y el inevitable compromiso que tenemos de defenderla.

Los resultados de la democracia en la provincia de Córdoba hasta fines de la década del ‘90 fueron posibles por la superación de la “vieja Argentina” por una “Argentina de la Democracia” como imperio de la libertad. En aquellos años, el federalismo y su efectivo cumplimiento fueron las principales banderas de la política cordobesa.

Todavía atravesamos por un proceso de “democracia joven”, en el sentido que seguimos cometiendo errores, algunos reiterados y otros nuevos, donde muchas veces no logramos encaminar la verdadera esencia de las cosas. Estamos ante un nuevo momento de cambio a nivel nacional, legítimo al igual que los demás momentos de transición que tuvimos luego de la recuperación democrática, pero no por eso menos importante.

Córdoba ha transitado las experiencias de la falta de alternancia en el poder (gobernada desde 1999 por el mismo partido); del manejo desmedido de fondos; del populismo; de instituciones carentes de recursos, entre otras cosas… claros ejemplos del daño que conlleva la permanencia en el poder durante tantos años.

Debemos entender a la alternancia en el poder como elemento necesario y esencial para evitar tentaciones y confundir lo público de lo privado. Cuando perpetuarse en el poder se vuelve un hábito, resulta muy difícil retroceder.

Por el contrario, la democracia es un modelo multilateral que permite la formulación de las decisiones dentro del Estado procurando darle la mayor participación (dentro de lo posible) a todos los actores.

Desde fines de la década del ‘90 una de las grandes deudas de Córdoba es la eficiencia en lo que refiere al federalismo, la asistencia social y la modernización. Esto se traduce en el legítimo reclamo de los diversos municipios de la provincia, los cuales se sienten opacados por la injusta absorción del poder provincial que alimenta su sobredimensión desplazando los gobiernos locales a un segundo plano. En lo que a política social se refiere, se instaló un modelo de prisioneros y rehenes de las políticas clientelistas las cuales a largo plazo generan una creciente desigualdad en la provincia.

La democracia ha dejado de ser ya una simple regla mecánica de decisiones, hoy representa una estructura socio-política, es decir, el conjunto de valores y creencias de todo un país. Así, a la simple idea de una forma de gobierno representativo, debemos adherirle un exclusivo estilo de vida y un consenso fundacional sobre su importancia, el cual implica participación y conciencia social sobre ciertas cuestiones: el pluralismo, la diversidad, el diálogo, la oposición, la competencia, entre otras.

Como sociedad aprendemos de nuestros errores y hoy podemos entender que Córdoba tiene un nuevo desafío, el de un gobierno eficiente. Hoy debemos trabajar entre todos por el respaldo de un régimen político democrático en el que coexistan y se retroalimenten tanto la institucionalización de la forma de gobierno como la vida democrática, buscando el consenso entre las reglas institucionales que formalmente habilitan a un país a ser democrático y todos aquellos valores que, en definitiva, posibilitan su puesta en marcha y funcionamiento.

La construcción de un régimen democrático nos involucra en un sentido participativo y comunitario, dentro de un especial escenario de creencias y valores sobre la utilidad de dicho sistema y un especial comportamiento tendiente a su defensa.

La democracia es un largo camino a recorrer y debemos destacar la enorme importancia que tuvieron los actores protagónicos de aquel entonces. Continuar promoviendo una lucha constante para su recuperación, reconociendo que si bien los tiempos y desafíos son otros (con transformaciones en proceso y realidades distintas) las bases y las banderas de los principios democráticos son las mismas.

Repensar la democracia no solo es recordar a nuestras ilustres figuras, es también reflexionar sobre su significado, sus aportes, sus bondades y sus desafíos a 35 años de su retorno. No olvidemos que Córdoba es cuna de la memoria democrática, pero debe ser también usina de nuevos líderes que permitan sostener y revitalizar a la democracia que supimos reconstruir.

(*) Diputada Nacional por la provincia de Córdoba

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