Escuela Raúl Alfonsín

Raúl Alfonsín el Hombre y las Ideas

Mostrarle nuestro respeto, sin dudas, es expresar nuestra mayor consideración personal y social, para quien representa la recuperación de la democracia, para nuestro querido país.

Este hombre de profundo raigambre radical, ya no nos pertenece solo a nosotros. Es un patrimonio de todos los argentinos. Homenajear su vida, es a la vez, un emotivo sentimiento, como una inspiradora obligación cívica.

Un hombre honrado, íntegro, culto, muy amigo de sus amigos. Y todas esas virtudes las trasladó a su vida política. Su visión humanista y profundamente social, tiñó todas su luchas. Cargadas de pasión, pero despojadas de odio o rencor.

Sin dudas un faro para la actualidad.

En cuanto a sus ideas, dos palabras tienen fuerza de síntesis: verdad y democracia. Y no solo formaban parte de sus discursos, las ejercía en su ciudadanía cotidiana, como en su militancia incansable.

A nosotros nos devolvió la voluntad de mayoría, y al país un sendero de esperanza. Su legado no son los resultados obtenidos, sino las luchas por continuar. Las banderas siguen siendo la libertad y la dignidad, coloreadas tanto de celeste y blanco, como de su querido rojo y blanco.

Ferviente republicano, pero por sobre todas las cosas, demócrata hasta el fin. Dialoguista incansable, articulador de oficio, buscando permanentemente el bienestar colectivo. Así peregrinó su vida, dejando improntas difíciles de soslayar.

Los hechos que lo engrandecen, suelen estar encabezados por el juicio a las juntas militares, con el propósito de justicia, pero también de reencuentro. El respeto por los derechos humanos, la paz con los países vecinos, su integración en un mercado común, la educación como herramienta de progreso y el apego irrestricto a la Constitución.

Las metas que nos legó, las pronunció en el discurso del año 1985, en Parque Norte: una concepción integral de modernización (social y del estado), la ética de la solidaridad (que incluye la justicia distributiva), y la democracia participativa.

Para contribuir con su visión, deberemos adoptar también su coraje, audacia y perseverancia, actitudes destacables en este hombre, que subordinaba todo al estado de derecho, como condición primaria del régimen democrático.

En lo referido al partido, planteó que la UCR debe provocar la síntesis, suscitar la modernidad, abrirse al futuro. Pero reconociendo “sus mayores riquezas”, el sentido ético de la política y su adscripción a ultranza al sistema democrático. Este es el marco para encarnar con flexibilidad las exigencias de la sociedad en transformación.

Todas estas ideas, fueron enunciadas, con su respectivo compromiso, convocando plural y abiertamente, a todos aquellos que compartieran las aspiraciones comunes, para poder iniciar una acción conjunta, rumbo al país del futuro. Y para ello eligió, la libertad, la solidaridad y la tarea conjunta para afianzar la Unidad Nacional.

Hoy más que nunca, los radicales en especial, pero los argentinos en general, deberíamos marchar juntos, bajo estas inspiraciones que no tienen vencimiento.

Y aprendiendo de un hombre, que en su último discurso, en conmemoración de los veinticinco años de democracia, inició su mensaje, explicitando que era un mensaje de esperanza.

Hombre de fuertes e irrenunciables convicciones políticas, dispuso su vida al servicio de un proyecto colectivo de bien común, reivindicando a la política en su sentido más esencial, dialogando y respetando todas las voces, con permanente voluntad de transformación.

En este aniversario, la reflexión cobra una identidad mayúscula. Resignificar su triunfo, implica la idea de encontrarnos en la construcción común, de un sentido de democracia consolidada, pero con deudas pendientes de concretar.

Y especialmente los jóvenes, los de ayer y los de hoy, para quienes tenía depositada su férrea esperanza, en la permanente búsqueda de una sociedad más igualitaria e inclusiva.

Los que profesamos su fe laica, nos comprometemos con sus anhelos.

Muchas gracias Raúl …

(*) Concejal de la Ciudad de Córdoba