Hay días que el sol amanece distinto, ese día fue el 30 de octubre. Hay días que sentimos, pensamos y decidimos distinto, ese día fue el 30 de octubre. Hay días que cambian el sentido de la historia, ese día fue el 30 de octubre. Significó el 30 de octubre un clivaje en nuestra historia. La década del ’70 había dejado su huella en la Argentina y el mundo de enfrentamientos y luchas fratricidas. Importantes sectores políticos y sociales no pueden, aún hoy, eludir su responsabilidad ante la barbarie del siglo XX. Quienes ante una débil tradición democrática y racional levantaron un discurso y una práctica del mal absoluto. Los mismos que buscaron sumergirnos en la hoguera de la historia, defendiendo una vida trágica de lunes a lunes. El terrorismo de estado mostró su rostro en los desaparecidos y en una cultura del silencio y el no te metas. Levantar banderas de libertad, tolerancia y paz significaba, infinidad de veces, predicar en el desierto. Era un Cambio en Paz la consigna de los radicales en 1973, tiempos que se oían con intensidad los tambores de la violencia y la confrontación.
Había dos propuestas en el escenario electoral de 1983. Dos miradas opuestas sobre el pasado y como consolidar la Democracia. El partido Justicialista reconocía la validez de la ley 22.924, autoamnistía militar. Su propuesta era negociar con el poder militar la transición democrática. No juzgar, ni condenar las violaciones a los derechos humanos. La otra opción era de la Unión Cívica Radical que sostenía la nulidad absoluta de la ley de autoamnistía. Su propuesta era la del Nunca Más a la impunidad del terrorismo de estado en Argentina. Más que una salida electoral, Alfonsín proponía y representó una entrada a la vida.
Se iniciaba el 30 de octubre un nuevo ciclo histórico que dejaba atrás 50 años de interrupciones constitucionales, con gobiernos civiles débiles alternando con gobiernos autoritarios. Aprueba el Congreso de la Nación un 22 de diciembre de 1983, la ley 23.040 que expresa: “Derógase por inconstitucional y declárase insanablemente nula la ley de facto 22.924…”
Hoy, los argentinos definimos a Alfonsín como el padre de la Democracia. Su visión estratégica de estadista y su liderazgo democrático es reconocido, aún, por muchos de sus adversarios políticos. Garantizó la vigencia de los Derechos Humanos del presente y para el futuro. Hay un tiempo histórico cuando la confianza en la vida ha desaparecido, aparece el que se anticipa. El que ejerce una crítica desde un sitio y una conciencia precursora. Aquel que denuncia y busca demoler lo intolerable de la barbarie, señala lo que debe quedar atrás y marca el camino de lo nuevo que tiene que emerger. Ese hombre fue Raúl Ricardo Alfonsín.
(*) Abogado recibido en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1997 fue elegido presidente de la Unión Cívica Radical de la Ciudad de Buenos Aires. Se desempeñó como presidente del instituto de instituto de investigaciones políticas, Económicas y sociales Julio Saguier. Diputado Nacional (MC). Autor del libro “El radicalismo en tiempos de oscuridad”
