Hipólito Yrigoyen: Mi Vida y Mi Doctrina

La lucha de Yrigoyen contra el régimen tenía una causa: la causa de los desposeídos, en esa causa y en esa lucha, se encuentran las bases filosóficas y políticas de toda acción política del Radicalismo. En la coherencia de una conducta que respetaba la coherencia entre palabra y acción, discurso y práctica, entre medios y fines; ahí se encuentra el mandato ético del Radicalismo.

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En tiempos donde lo urgente diluye lo importante, donde las necesidades electorales dominan la orientación de lo político y  donde el “tener” relega al “ser”;  evidentemente el exitismo resulta más atractivo que la sustancia. Por eso realizar esta nueva edición de “MI VIDA Y MI DOCTRINA” de Hipólito Yrigoyen se revela como un imperativo de elucidación raigal, que conlleva una innegable satisfacción, la cual se eleva por encima de la mera empresa editorial. Es esto un objetivo prioritario,  para así cumplir con el deber de difundir el pensamiento nodal, sempiterno y perenne, de quien fuera uno de los referentes vitales de la centenaria construcción de la República Democrática en Argentina.

La Escuela Raúl Alfonsín a publicado nuevamente “Mi vida y mi doctrina” de Hipólito Yrigoyen

Por esa razón, venimos a presentar estos textos de los cuales se decantan la savia ideológica del pensamiento yrigoyeniano y explicaciones, en primera persona, de su acción política radical y de su doctrina.
Nuestro pueblo; tan hondamente agitado por las luchas y las frustraciones de este tiempo, tiene, en su larga historia, un ejemplo perdurable como lo fue Hipólito Yrigoyen ubicado en el horizonte de la grandeza donde están los grandes próceres de la Patria. Yrigoyen elevó la moral pública a lo más alto y fue intransigente a las tentaciones del régimen. Tal suceso permite que luego;  en 1910, en ocasión que el Presidente de la Nación Roque Sáenz Peña le propone que la Unión Cívica Radical se integrara al gobierno nacional, ofreciéndole ministerios para dirigentes de su Partido, y además participar en la reforma electoral.  Yrigoyen, fiel a la intransigencia principista que caracterizaba al Radicalismo de aquellos años, fue contundente y firme en la respuesta:   “Presidente: La Unión Cívica Radical no busca ministerios. Únicamente pide garantías para que el Pueblo pueda votar libremente” (Félix Luna, 1988: 206). La misma conducta signó su actuación en el orden internacional, cuando exigió al presidente de  Estados Unidos, Herbert Hoover, el cese de la política intervencionista en favor del principio de autodeterminación soberna, con un contundente alegato humanista sintetizado en la frase:  “Los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos sagrados para los pueblos”.

La lucha de Yrigoyen contra el régimen tenía una causa: la causa de los desposeídos, en esa causa y en esa lucha, se encuentran las bases filosóficas y políticas de toda acción política del Radicalismo. En la coherencia de una conducta que respetaba la coherencia entre palabra y acción, discurso y práctica, entre medios y fines;  ahí se encuentra el mandato ético del Radicalismo.
Lo expuesto justifica – entendemos -, con merito sobrado, ofrecer esta obra. Con la esperanza que en sus páginas, encontremos la inspiración que impulse una voluntad política colectiva al servicio de la defensa radical de los valores democráticos.

(*) Presidente de la Asociación Civil Escuela Raúl Alfonsín